La importancia de la cocina
La invención del pasillo en la arquitectura manifestó,al separar las estancias de la casa, la creciente importancia otorgada al individuo. Cada uno podía aislarse del resto.
Las viviendas actuales apenas dan espacio a la cocina, cada vez más reducida y ya tan solo conservada en su esplendorosa amplitud como una molesta reminiscencia en las casonas de pueblo, casi derruidas o condenadas a esa despiadada transformación que las convierte en casas rurales. Y no han sido los alimentos envasados o precocinados los causantes del espacio arrebatado a aquella, sino la atomización de la familia, cuyos miembros más jóvenes se llevan la comida a su cuarto o los padres, cada vez más requeridos por un trabajo más y más desquiciante que los lleva a comer con celeridad o fuera de casa , acaban olvidando la importancia de congregarse en torno a un fuego, por lo demás ya casi inexistente ,siendo a su vez olvidados por los lares , manes y penates. También la funcionalidad y la utilidad convertidas en valores supremos han arrebatado a la cocina el espacio y el calor en torno al cual los miembros de la familia se congregaban para charlar, remansarse, oler, y finalmente saborear cuanto en el fogón cocían en esas retortas de amor encarnado llamadas pucheros, esas divinidades de lo cotidiano y lo menudo para entonar el cuerpo y el alma. Tal vez porque, depositarias de un antigua sabiduría ,carentes de instrucción más no de amor, intuían que «saber» procede de «saborear». Y sonreían complacidas cuando sus retoños las celebraban con aquellos ¡Que bueno! o ¡Qué rico!». Porque en ese momento ambas cosas eran lo mismo.
Javier Estangüi Ortega