Hoy escribo del ayer
Hoy escribo del ayer. De la ropa tendida en los balcones, » banderas del aire», como dice la canción. De las viejas castañeras de piel aceitunada, manos corrugadas, ataviadas siempre con pañuelos. Sus voces cantarinas aún resuenan en mi memoria. De los vendedores de la goleada acantonados en las bocas de metro , pregonando a gritos su domingo de fútbol. Del serrín esparcido por el suelo de las tabernas en los días de lluvia. De la vaquería de la calle Cartagena. De los cines de barrio, los puestos y quioscos barridos por el Atila del progreso. De oficios desaparecidos y palabras olvidadas o perdidas. De las casas de techos altos y balcones y también de los chiribitiles, de los cuartos sin luz , de las bombillas con viseras de papel, y los interminables pasillos en los que el niño se hacía la pregunta esencial » ¿ Qué será de mi?», muy distinta a las sesudas y académicas preguntas del filósofo de Köenisberg. De los titiriteros , músicos, ,loteras y feriantes ambulantes.Nómadas de la ilusión. Del olor de los churros , el engrudo y el plomo fundido en retortas caseras. De las chapas , las peonzas y las limas. De los cromos , el trueque y el retrueque. De las dreas, desafíos y peleas . De los descalabros, tirachinas, chichones y heridas de las que era código de honor callar. De calles despojadas de sus nombres. La calle Torrijos, su pastelería con borrachos y su bazar de juguetes ,hace tiempo ya agonizantes. De los árboles de morera y las orugas transformadas en mariposas. De las luciérnagas ,la luz verde, la verde lumbrarada. De los noticieros, los telediarios y los partes, ¿ de postguerra?. Del sabor del regaliz, el paloduz y los polvos pica pica. De Diego Valor, el Jabato, el capitán Trueno, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Rompetechos, Roberto Alcázar y Pedrín y tantos que nutrieron nuestros sueños , cómplices , espantajos que ahuyentaban la tristeza, el peso bruto de lo monocorde siempre igual. De aquella maestra que nos dejaba dormir en el pupitre y sonreía cuando ,sigilosos , íbamos a verter al lavabo la leche en polvo regalo de los norteamericanos. De la historia sagrada y los relatos de héroes. Del Quijote y Sancho Panza, almas de un pueblo. De los atardeceres en que imagínabamos epifanías de muchachas venidas de remotos lugares. De los velatorios , las velas encendidas y las mujeres de negro , partícipes de un misterio fascinante y estremecedor del que el niño estaba desterrado. De los entrañables y entregados médicos de cabecera. De las tiendas de frutos secos cuyos dueños llevaban un lápiz sobre la oreja y despachaban pipas en cucuruchos de papel. De los columpios , donde supimos que no es fácil el equilibrio y que seríamos volatineros de por vida. Esas y otras mas que celo fueron nuestras magdalenas de Proust. ¿ Nostalgia acaso?. No por la brega diaria de los mayores, por la pobreza, por el silencio circunspecto . Si por la hospitalidad, por la escasez compartida, por la dignidad, por los caracteres de piedra de esos hombres y mujeres cincelados por la guerra y el don su palabra dada. Nostalgia y esperanza de quiénes han vivido a caballo entre dos mundos, y miran hacia atrás para que lo actual y los cantos de sirena del futuro , no los atrapen por completo. Ese pasado es su vacuna.
. Javier Estangüi Ortega
Y las carbonerías, el olor de las tabernas y los teléfonos de baquelita… El día que fuimos al cine…yo, una vez, tuve la suerte de ir al teatro con mis primos… Todavía me acuerdo de ese día…
De los teléfonos no voy a decir nada, que luego me llaman conspiranoica…