La mirada del poeta

«Yo planté, Apolo regó, más es Dios quien hace crecer». (1, Cor, 4-7).

No es casualidad que la poesía sea el arte menos venal en la actualidad de cuantos existen, pues la mirada del poeta es diametralmente opuesta a la exigida al hombre contemporáneo al que se requiere, se seduce y se instiga para alcanzar ese fetiche denominado «éxito».

A mi juicio son tres las características del poeta:

-En primer lugar el poeta sabe perder el tiempo sin ser por ello un haragán. Es un apóstata de la sentencia de Franklin según la cual «el tiempo es oro». Perder el tiempo es rehusar a ser codicioso del propio tiempo, dejar de contarlo como el avaro cuenta sus monedas , ser capaz de derrocharlo. Esta es una de las condiciones para librarse de los requerimientos y exigencias tanto de la actualidad como de los imperativos de la necesidad. Ese olvido del propio tiempo, ese rechazo a considerar éste como una inversión, hace que a aquél le sea posible contemplar los seres en su esplendor, en su belleza;es decir liberados de las cadenas de la utilidad. Y en esa aparente ligereza es donde la vida se manifiesta en su peso y profundidad, revestida de un misterio impenetrable.

-Precisamente porque sabe perder el tiempo es un ser abierto : no está cegado por metas ni proyectos, ni es rehén de los mismos. Abierto a las llamadas de los seres , propicio a esos encuentros que tan solo se dan cuando nos desarmamos de nuestros objetivos y estamos disponibles a cuanto la vida nos demanda y nos ofrece. Es propio de las naturalezas poéticas el aceptar esas irrupciones e interrupciones con las que la vida nos sale al encuentro y altera nuestro curso ordinario, no como una adversidad sino como un regalo. Sólo un tiempo ahíto de pragmatismo puede identificar esta disponibilidad con la veleidad, la inconstancia o la falta de carácter.

–Por todo esto su actividad no es un hacer, ni un elaborar, ni un planificar, ni un producir. Bien sabe que su canto no puede ser llamado obra, pues no es sino el eco de cuanto le sobrepasa y desborda :cuanto el don y la gracia han puesto en sus labios para que el, a su vez, la lleve a los hombres en forma de ofrenda.

Javier Estangüi Ortega

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