Consignas e ideas
Sabido es que las consignas nos vienen dadas, quien las suministra no espera otra cosa de nosotros mas que el que nos hagamos eco de éstas y las extendamos y repitamos hasta la saciedad; en suma, una conducta mecánica y monocorde que degrada tanto a quien la induce como a quien la propaga. Los ahora llamados pomposamente «argumentarios», no son sino una muestra mas del mismo fenómeno. En aras de la inmediatez y de la unidad de acción, así lo justifican sus defensores, es preciso simplificar las ideas y coordinar las acciones al modo como actúan los ejércitos. La política es así concebida como una guerra en la que la verdad o el respeto a la dignidad de cada cual poco importan en esa movilización machacona e implacable ,en donde los hombres aceptan rebajarse a la condición de engranajes a cambio de medrar, o de encumbrarse a puestos a los que serían incapaces de acceder por sus méritos. La disonancia cognitiva entre la buena conciencia de uno mismo-tal vez aún no perdida del todo-, y su indigno proceder, se anula o se mitiga a través de la comprobación de que, al fin y al cabo, los adversarios hacen lo mismo , o la bondad de la causa perseguida justifica con creces tal proceder. Las ideas, por el contrario, son algo a lo que se llega a través del acto de pensar. No son ni fácilmente comprensibles ni se prestan a ser suministradas a discrección. No poseen esa contudencia de las consignas que las convierte ipso facto en armas arrojadizas, mas tampoco adolecen de su vacío. Su morada no son ni los titulares, ni las redes, ni los noticiarios. Y, con todo, a la larga se instilan y calan a mucha más profundidad que aquéllas. «Pensamientos con pies de paloma son los que mueven el.mundo», escribió Nietzsche. Y esa es la desgracia y el honor de quiénes hoy son excluidos de las instituciones por negarse a convertirse en cristobitas y no dejarse arrebatar la genuina libertad, no la proclamada por los voceros encadenados a sus consignas como esclavos.
Javier Estangüi Ortega