Frutos y productos
Decía un antiguo profesor que buena parte del empeño del mundo moderno había sido el quebrar la distinción aristotélica entre los seres naturales y los seres fabricados. El desafio del mundo moderno ha sido y es subsumir lo natural en la categoría de lo fabricado,enfatizaba aquél. Así la agricultura ,por ejemplo, va cediendo cada vez mas a la llamada agroindustria, y las técnicas de alteración genética así como las de transplantes y cirugía plástica van haciendo cada vez más difusa la frontera entre lo «natural» y lo fabricado,para no mencionar hasta que punto la idea de planificación,estrechamente vinculada con lo anterior, se va imponiendo cada vez mas en las esferas de todos los estados e incluso en el ámbito doméstico,la llamada «planificación familiar».
En la Biblia ,sin embargo, la palabra que aparece con más frecuencia para referirse al quehacer de los hombres es la de «frutos». Y se vincula a éstos con la raíz. Como si el obrar humano fuera tan solo comprensible desde el crecimiento orgánico. Pues un producto es siempre algo previamente diseñado y que obedece a una planificación en la que cada una de sus fases y sus tiempos está regulada por la voluntad humana;mientras que los «frutos» no están sujetos a planificación alguna sino que dependen de otros factores que escapan de la mano del hombre. Este puede cuidar de la tierra pero no puede garantizar el resultado final de cuanto crece orgánicamente. Una cosecha puede perderse o ser feraz al margen de la voluntad humana. En los frutos siempre hay un factor imprevisible e indomeñable que raras veces presenta lo fabricado,resultado de un previo diseño y una planificación detallada. «Escribo sin saber el desenlace de lo que escribo.Este poema es también una caminata nocturna»,canta Octavio Paz ,asimilando la poesía con el crecimiento orgánico y,a la postre, con la vida,la cual no es ni predecible ni controlable. Así el poema se alia con ésta en su imprevisibilidad y en su incertidumbre.Con el «fruto», y no con lo fabricado, en tanto que el poeta sabe que en innumerables ocasiones la escritura toma un derrotero muy distinto al que había previsto al comienzo de la misma. Y ,en oposición a lo fabricado, que muy poco o nada expresa del hacedor, el fruto, en este caso el poema, es expresión de la raíz del poeta,de lo más íntimo de su ser. Y esta es una de las razones por las que no pueden existir lo que ahora se llaman «talleres de literatura» y por la que muchos escritores sienten que antes de la letra el poema asciende por el alma como una savia lenta.
Javier Estangüi Ortega