El encumbramiento del cinismo
«Hay reyes porque hay súbditos y viceversa» se decía antaño y repitió en sus escritos un hombre como Trostky. Nosotros hoy podríamos parafrasear el enunciado y decir:»Si hay cínicos encumbrados es porque los pueblos no son sino rebaños y manadas y viceversa». Pues solo cuando un pueblo está sumido en la apatía y la postración y es indiferente a la verdad puede soportar el que se rian de el en sus narices tratándolo de estulto, el que una mentira sea encubierta con otra mayor ,el que la chabacanería y la zafiedad sustituyan a los ritos y al buen gusto ,el que los insultos,las calumnias, las etiquetas, aliñadas con el lenguaje más zafio y ramplón suplan a los razonamientos y a las ideas. La penuria de quiénes nos gobiernan es tal que produce,como diría Nietzsche,»vértigo en las almas». Y lo peor de todo es que para que esa ausencia de escrúpulos de que hacen gala a diario y esa ramplonería puedan seguir encumbradas, es preciso envilecer a todo un pueblo a través de los medios de propaganda y convertir las instituciones en un lodazal donde tan solo impere el arbitrio de quien manda. Y buena parte del pueblo español, el que pide credenciales ideològícas para tolerar o no la mentira mas descarnada, el que como un «hooligan»celebra el triunfo de su partido sean cuáles sean los medios empleados, el que,como el porquero descrito en Juan de Mairena, se procupa más por de quien viene un juicio que de la verdad del mismo. (Recuerde el lector las afirmaciones de Sócrates y el porquero.El primero asentía a la sentencia de que la verdad es la verdad la diga quien la diga y el segundo lo negaba). En fin, un pueblo al que por un proceso de desensibilización sistemática e ingeniería social se le ha ido acostumbrando al «todo vale» con tal de conseguir los objetivos , a aplaudir y jalear lo que a la generación de sus abuelos les causaría bochorno,a regocijarse en vez de sentir asco cuando la calumnia y la mentira de los de su bandería hacen daño al adversario.Un pueblo así es un pueblo que en su embriaguez no puede sino celebrar su agonía. El que se haya propuesto dar el título de hijo predilecto de la ciudad de Zaragoza a quien por ignorancia o mala fe auguró no mas de cuatro o cinco casos de contagio por Coronavirus en España, es prueba de todo cuanto digo. Antaño se decía que los pueblos tienen a los gobernantes que se merecen, hoy podríamos decir que los gobernantes tienen a los pueblos que se merecen:así los cínicos encumbrados tienen un espejo donde mirarse y refrendarse: rebaños y manadas.Justo cuanto dicen denostar y, sin embargo, necesitan para convertir el oxígeno en el chapapote moral y el aire enrarecido en el que medran y respiran.
Javier Estangüi Ortega