La ranita se cuece por fases (un ejemplo: los ordenadores en la escuela).
En este artículo retomo las secuencias que mencionó en su tiempo Vázquez de Mella y la idea de monopolio radical de Iván Illich.
Al principio se apeló a la apertura de mente y se invocó la tolerancia para con lo nuevo para introducir, «a modo de experimento»,los ordenadores en la escuela. Al poco, lo que al principio y como medio auxiliar y subalterno había sido introducido, reclamó para si la igualdad. Y no transcurrió mucho tiempo para que quiénes , en un primer momento timídamente rogaron comprensión para con las «nuevas tecnologías», se erigiesen en abanderados del progreso y del fututo , convenciendo a los mas y reclamando para si el privilegio y el monopolio. Los pocos que formularon objeciones y reservas fueron tachados de nostálgicos,carcamales o reaccionarios. Y la administración ,junto con la aquiescencia entusiasmada de la mayor parte de los profesores , abrieron las puertas de par en par a tamaño caballo de Troya. El resultado es bien conocido:las aulas se llenaron de proyectores y pizarras digitales, algunas escuelas e institutos sustituyeron los libros por e-books y tablets, los móviles y ordenadores portáliles hicieron casi imposible las relaciones humanas, pues lo lejano se aproximó y se alejó lo cercano, las salas de profesores se convirtieron espacios de sujetos solipsistas cada uno pendiente de su móvil y su ordenador, el pitido de los móviles sonaba en las clases con frecuencia perturbando estas , los alumnos , distraídos por tales artefactos perdieron la capacidad de concentrarse.La escritura , la lectura y el pensamiento se resintieron. Finalmente , tras el monopolio vino la exclusión : se atacó , orilló y buscó eliminar cuanto aún podía poner en evidencia tales métodos, se invirtió en «nuevo material» cuanto antes se gastaba en libros y bibliotecas. Y la escuela dejó de ser el albergue de lo Otro , un recinto no colonizado ni por el mercado ni por lo actual , para convertirse en una triste fámula de éstos. Por otra parte , la administración exigió presentar las programaciones en pendrives y no por escrito como anteriormente. Y , como en tantos ámbitos, lo que se anunció como experimento y reclamó comprensión y tolerancia devino un gran déspota y, lo que es mucho peor, una insólita arma de destrucción masiva para con el pensamiento y la escasa cultura que aún permanece viva.
Y quién sabe si estamos a tiempo. Quien sabe si la ranita no se ha hecho totalmente adicta a cuanto la destruye.
Javier Estangüi Ortega