Cándido no escarmienta

Cándido , por incomprensibles sortilegios ignorados por su autor, regresó una vez mas a nuestro siglo esta vez para interesarse por la educación. Pidió entrevistarse con algún reputado sabio, mas le dijeron que quiénes llevaban las riendas de aquélla eran los pedagogos, psicólogos y psicopedagogos. El pobre Cándido creó oir «mistagogos», pues nada sabía de aquéllos. Una vez trataron de ponerle al corriente de las novedades habidas en nuestro flamante siglo sin demasiado éxitó pensó que lo mejor era entrevistarse con alguno de tales hombres. Y así lo hizo. Preguntó al más reconocido de estos por cuáles eran los nuevos saberes que transmitían a sus discípulos. «Para empezar-le aclaró este en tono reprobatorio, pues había olvidado de inmediato el siglo del cual procedía Cándido-,ya no hay discípulos sino «alumnos», tampoco maestros sino «docentes», lo que usted llama saberes son para nosotros «materias»; mas lo más innovador y revolucionario es que para nosotros lo esencial en nuestros centros educativos es enseñar a «aprender a aprender». A Cándido le llamó la atención el que a las escuelas y colegios, términos tan hermosos e impregnados de tanta historia, se los hubiera rebautizado como «centros educativos», pero cuando escuchó lo de «aprender a aprender», estuvo a punto de darle un vahído. Y decidió desmentir a su autor quien , como molesto sambenito, le había endilgado tal nombre. Así pues, preguntó con inusitada ironía:»¿Y por qué deternerse en el aprender a aprender y no ir mas allá ?». «No le entiendo»- respondió el afamado psicopedagogo. Cándido no se había visto en esas en su vida, así, poseido por una gran incontinencia verbal propuso un método perfeccionado del anterior:» ¿Y por qué no aprender a aprender a aprender». «¡ Es extraordinario!-exclamó exultante el psicopedagogo. Incluso podría perfeccionarse ad infinitum». «O ad nauseam», replicó Cándido crecido. Preocupado por la posesión de tan genial idea, la lumbrera pedagógica lió a Candido para que renunciara a los derechos de autor de tal descubrimiento. Despidió a éste pretextando estar muy ocupado y, nada mas perderlo de vista, corrió al registro de propiedad intelectual a patentar tan neorevolucionario método. «Una verdadera revolución dentro de la revolución» , se dijo a si mismo. Por su parte Cándido comenzó a pensar que si su siglo injustamente lo había considerado un alma de cántaro, en realidad bien podía pasar por un sabio en el nuestro.

Javier Estangüi Ortega

1 response to "Cándido no escarmienta"

  1. By: Pablo Fuentes Posted: 16 junio, 2023

    Muy reveladora la neolengua pedagógica, sí. Aseguran que la educación es un derecho pero si un educando no asiste al centro se le abre un protocolo de absentismo, el estado le arrebata la custodia a sus padres y la policia debe hacerse cargo si le ve deambular por las calles en horario lectivo.

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