Tipos de lectores
Hay lectores por devoción y lectores por obligación. Voy a centrarme en los primeros, para quiénes la lectura es de por vida un alimento para el alma. Algunos de ellos sienten tal avidez por aquélla que, mas que leer, devoran los libros. Se exponen a los peligros de la indigestión, pues apenas mastican ni metabolizan las ideas sobre las que sus ojos pasan como relámpagos. No se deleitan ni reflexionan , no rumian aquello que leen. Pasan con celeridad de un libro a otro pues, en realidad , se refugian en los denominados «bienes culturales»para huir del espíritu. Llevados de un frenesí cuya meta parece consistir mas en saquear y acumular que en comprender, hablan de cuanto han leido como el turista compulsivo relata con orgullo las ciudades por las que ha pasado en su viaje. La lectura no le alimenta ni le nutre , es mas bien fruto de una ansiedad que, para ocultar su vacío , precisa mudar de uno a otro estímulo. Al peligro ya citado del empacho se une la dispersión, pues jamás profundiza en un tema ,sino que salta arbitrariamente de un asunto a otro. Su omnivorismo no conduce necesariamente a aquélla sino que es tan solo otra manifestación de las causas ocultas mencionadas anteriormente. Junto a este está el lector de academia,monocorde seguidor de una dieta preestablecida cuya nutrición queda reducida a aquéllas lecturas que le promocionarán a la condición de doctor o a cualquier cargo administrativo. El autismo mental es uno de sus mayores peligros junto con la confusión de la profundidad con la especialización exhaustiva.
Pocos son aquéllos lectores que , evitando la dispersión del catacaldos, no caigan en ese rancio delirio desde el que se cree percibir el mundo cuando en realidad se lo contempla tan solo a través de una mirilla , o de un embudo. Tan pocos como los buenos autores.
Javier Estangüi Ortega