De la contemplación
Cual pueda ser la causa por la que germina en algunas personas la predisposición y el gusto exacerbado por la contemplación y en otras no lo hace, es un enigma. Por mi parte, prescindiendo de la referencia a la senectud la cual hace que las personas tiendan ,por muchas razones, a la observación y la contemplación en detrimento de la acción, creo que lo decisivo para esa disposición tiene sus raíces en la infancia. Muchas vocaciones literarias han surgido tras un período de postración debido a una temprana enfermedad, una pérdida, un defecto que aisla al niño de sus camaradas o la propia angustia de los padres que se proyecta en el miedo a que al niño le pueda suceder algún mal si corre demasiado, si se tira por el tobogán, si trepa por los árboles, si monta en bicicleta,etc. Todos hemos visto con pena a esos niños que, inhibidos por sus padres, contemplan como se entregan los otros a juegos vetados para ellos. En estos niños se desarrollaría mas el germen de la actitud contemplativa. Pero también sabemos por la psicología profunda que aquéllos niños a quiénes la presencia serena y silente de los padres les otorga confianza ,y les permite explorar el mundo en solitario sin ser constantemente requeridos ni interrumpidos, desarrollan una mayor capacidad para experimentar lo asombroso, misterioso y numinoso de la existencia. Ese niño que se siente protegido por la presencia no perturbadora de sus padres,en medio de su soledad custodiada y su azacaneo , de repente, se aquieta y su mirada se siente fascinada por algo de lo que tal vez ni tan siquiera sabe el nombre y, sin embargo, ya es la primera llamada para esa experiencia de lo numinoso sin la que no es posible la contemplación. También vale esto para quiénes han crecido en la naturaleza y han tenido un amplio horizonte ante sus ojos. Es extraño que tanto los impedimentos como el amor sereno sean las fuentes de aquélla. Tal vez una sea refugio y nostalgia de la acción y la otra fascinación por cuanto existe.
Javier Estangüi Ortega
Muy bueno, Javier. Me siento incluido en uno de esos grupos.