Diversión y Conversión
Di-vertirse era para Pascal tanto como dispersarse y dejarse absorver por lo que hoy llamaríamos estímulos. Al hombre constantemente requerido no sólo por quehaceres sino por toda clase de reclamos, desde la propaganda y la publicidad hasta todos los estímulos que nos asaltan y acosan en los grandes almacenes y en las grandes ciudades, le está vedado tanto las preguntas esenciales como el conocimiento profundo de su ser. Seducido y embriagado por ese carrusel de estímulos que zarandea su alma será ,salvo que una intensa vivencia sea del tipo que fuere le obligue a detenerse, un adicto a las «novedades» que se adquieren a través del consumo. La con-versión corre en sentido contrario a la di-versión. Aquí la persona se recupera a si misma del remolino de estímulos que amenazaba con descentrarla y se reconcentra en si misma. La recobrada conciencia de la finitud y de la condición de mortal son señales inequívocas de esto último. Y no para amargarse la vida ni amargarla a los demás, sino precisamente para reparar en lo irrepetible e irreversible que es todo cuanto hacemos y omitimos. Sólo quien vive así no ahorra hasta el momento postrero ,vive sin reservas, no precisa de la inminencia de la muerte para dar y darse por entero.
Javier Estangüi Ortega