Deportados al futuro

Desde los resignados «es lo que hay»,»así son las cosas», a la firme aseveración «esto ha venido para quedarse», hasta la entusiasta celebración del llamado progreso-aún cuando ignoremos la meta de éste-,en la tajante sentencia «¡este es el futuro!» , con la que se desea eliminar toda réplica; por lo demás pronunciada por los fetichistas de la tecnología con un tono tan exultante como un nuevo advenimiento , y tan intimidatorio que quiénes se opongan serán tenidos ipso facto como retrógados , reaccionarios o enemigos del progreso; la rendición a lo que en cualquier caso es considerado inevitable crece tanto como mengua nuestra libertad. Hasta tal punto es así que el mentado «progreso» aparece como un camino sin retorno cada vez mas angosto.

«Sólo los perezosos creen en el progreso», escribió Baudelaire. Los perezosos y quiénes hablan de libertad y son rehenes de la fatalidad. Un progreso identificado con el desarrollo tecnológico y que descuida, cuando no desprecia, lo humano. Así tendremos mejores ordenadores y pizarras digitales, y cada vez poseeremos mas destrezas, pero no sabremos ni leer sin tropiezos, ni interpretar un escrito, ni seremos capaces de contemplar. ni de preguntarnos por el sentido de cuanto hacemos. Estableceremos romances con los artefactos y nos dejará fríos la relación con el prójimo. «Alta técnica en la guerra , neardentales en el amor», a decir de Dieter Duhm. Y así , eso si, en nombre de la libertad, el progreso será en realidad como entrar en un cuello de embudo. Podremos elegir entre marcas, mas pagaremos un precio cada vez mayor si osamos emprender otros caminos distintos a los trazados por la tecnificación del mundo. Hasta que, finalmente ,nos doblegemos y nos unamos al coro de quiénes llaman libertad a esa deportación hacia el futuro que no será mas que una vía unidireccional. Quien sabe si muerta.

Javier Estangüi Ortega

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