El patriotismo constitucional destruye a la nación
En este artículo soy consciente de no decir nada que no haya sido dicho mucho mejor y con más profundidad por Antonio García Trevijano , orillado y tratado como un apestado por la partidocracia.
Lo más esencial se puede resumir en lo siguiente:
1) El cumplimiento de la Constitución, -fraguada por un pacto entre oligarquías-, por mucho que se diga lo contrario, no puede sino abocar al desmembramiento de la nación, como ya hemos tenido ocasión de comprobar durante estos últimos cuarenta años. La mención de las así llamadas «nacionalidades» y el propio sistema de las autonomías convertidas en auténticos reinos de taifas, núcleos de corrupción y centros de repartos de subvenciones y sinecuras para mantener un régimen clientelar, nos enseñan lo contrario de cuanto pregonan los defensores del actual régimen; pues este sistema empobrece a la nación, no ha eliminado el centralismo burocrático (concepto político y no geográfico, como se sostiene), y ha socavado la historia de la propia nación, fragmentándola y falsificándola, y no sólo en el caso de los separatistas.
2) El régimen actual no es una democracia , como alegan machaconamente quiénes denuncian el peligro en que se haya «nuestra democracia» y peroran sobre la buena o mala salud de ésta, mientras convierten la palabra «democracia» en una palabra chiclé . Así se habla de «ideas democráticas» como se podía hablar de triángulos virtuosos. Y no vivimos en un régimen democrático por dos razones esenciales:1) El sistema electoral no es representativo. Las listas electorales no representan más que la voluntad del jefe de cada partido , la población nada elige, se limita a refrendar tales listas. Los partidos no hacen sino reprentarse a si mismos.. ¿Alguien puede creer que elige el menú que va comer cuando acto seguido se le anuncia que todo depende de la voluntad del jefe de cocina?. Con tal sistema no es de extrañar que se haya producido una especie de selección inversa: la de quiénes, desprovistos de toda cualidad salvo la adulación, la delación y la intriga ,carentes además de formación y de profesión, hacen de la temprana militancia su futuro modus vivendi. Para no mencionar aquí la sobrerepresentación de los partidos autonómicos-en realidad separatistas-,que vulnera el principio de igualdad. 2)No existe división de poderes. El gobierno de turno conchabado con el resto de los otros partidos eligen a quiénes les tendrían que juzgar de cometer algún delito. Desde los miembros del tribunal constitucional, al consejo general del poder judicial pasando por el fiscal general hasta el defensor del pueblo, no hay nada que se sustraiga al arbitrio de los partidos, celosos de colocar a los suyos, corrompiendo así la carrera judicial. El argumento que se esgrime para justificar tal atropello es de este jaez: como la soberanía reside en el pueblo y los diputados son los representantes de éste, en realidad el pueblo elige a sus jueces. Argumento falaz en ausencia de un sistema representativo.
Por esto mismo ,en la encrucijada por la que atraviesa nuestra nación, exhortar al patrotismo constitucional es, con toda la buena voluntad que se haga, echar más leña al fuego de la destrucción. Una destrucción más lenta que la buscada y anhelada por los separatistas, pero, a la postre, destrucción.
Javier Estangüi Ortega