La exaltación de la mentira

Que durante mucho tiempo nos ha gobernado la incompetencia de unos y de otros está fuera de duda. En la política-espectáculo es más importante encontrar una carita maquilllada con los afeites de la propaganda que a alguien realmente con talento y con principios. Y es aún más importante degradar la moral de todo un pueblo convirtiendo el éxito público, el rápido enriquecimiento y la ausencia de escrúpulos en virtudes que sólo execraban,así se ha hecho creer, quiénes, envidiosos, no habían podido alcanzar los logros de quiénes se subían al podio de la inmoralidad. «Demasiado cobardes para atreverse a mentir»,escribió Nietzsche de quiénes hoy no son sino demasiado cobardes para decir la verdad.Porque actualmente ,en medio del más completo cinismo, el valor consiste en decir la verdad. Y lo peor no es que nos gobierne la mentira sino que ésta va siendo cada vez más aceptada por la población,justificada, e incluso celebrada. De este modo cualquier rasgo de dignidad y honor se nos aparecen como algo inaudito, casi milagroso, propio de una moral rancia y vetusta, una especie de antigualla incapaz de estar a tono con la realidad. Y es en este lodazal en donde nos movemos y al que, para nuestra desgracia,porque todo esto tendrá graves consecuencias, nos vamos paulatinamente acostumbrando. Ideologías al margen, que tan solo sirven para despachar cualquier acusación de inmoralidad con ese penoso:»!Y tu mas!»,que ya acepta el juego sucio y el encallanamiento, la única alianza que nos pudiera librar de esta vergüenza sería la de quiénes militen donde militen no hayan caido en la apatía moral, ni en el sectarismo más ciego, y tengan aún las reservas morales suficientes para oponerse a aquello que degrada y acusa a quiénes permanecen impasibles ante esta ignominia.

Se pertenezca al partido al que se pertenezca quiénes aún tengan un ápice de libertad de juicio no pueden consentir el seguir llamando democracia a este sistema falsamente representativo donde los oligarcas de partidos elaboran unas listas cerradas garantizándose así la sumisión de los suyos. Un sistema que premia y sobrepresenta a los partidos separatistas que quieren destruir la nación valiéndose de los fondos que ésta les otorga. No pueden seguir hablando de división de poderes cuando es la clase política quien nombra a discreción a los cargos más relevantes de la magistratura. No pueden seguir hablando de libertad de información cuando la concentración de medios impiden cualquier debate libre y hace que las cadenas de radio y televisión repitan machaconamente las mismas consignas. Antonio García Trevijano argumentó exhaustivamente en sus libros sobre la falsa representatividad de nuestro sistema electoral y sobre la ausencia de división de poderes. Bastaría con modificar estas tres cosas para dejar de apuntalar al nepotismo, la demagogia , la mentira,y esa selección de los peores cuyo ideal es construir un mundo reducido a su imagen y semejanza.

Necesitamos pasar por una profunda catarsis para salir de verdad de esta crisis que aboca a nuestros hijos a la lucha por la supervivencia y a la miseria moral y cultural. Los paños calientes no nos servirán. Y con esto no me refiero en absoluto al deseo de un golpe de estado o la añagaza de una revolución, sino a algo mucho más valioso:tratar de mantenernos erguidos en medio de cuanto trata de doblegarnos, establecer vínculos con aquéllos que, procedan de donde procedan, se esfuercen en lo mismo. Hombres de buena voluntad,íntegros y de buen juicio. Ese es hoy el único partido que merece la pena.

Javier Estangüi Ortega

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