«Tan solo es nuestro trabajo»

Hablaba con firmeza, no daba la impresión de ser una mas de entre los muchos que se graban a si mismos para exhibir su narcisismo en las redes. Nombró el hospital en donde trabajaba como enfermera. «No somos héroes-dijo poco antes de finalizar su discurso-,tan solo es nuestro trabajo».E hizo un llamamiento para, que en lugar de aplaudirlos, se solicitara al gobierno el que les proveyesen de medios para atender mejor a los enfermos.

Al escucharla experimenté una desazón que no se avenía con la entrega que ella y sus colegas manifestaban a diario. Comprendí el fastidio y hasta la aversión hacia quiénes, limitándose a ser espectadores, les ovacionaban a hora fija en lo que al principio fuera una muestra de gratitud y, al cabo, se trocara en una rutina de quiénes desde los burladeros de ventanas y balcones contemplaban la suerte de cuántos, como ella, se exponían.

«Tan solo es nuestro trabajo»,recalcó. ignorante del significado de cuanto decía y seguramente de su propio quehacer. Cuado no hay entusiasmo tan solo hay deberes,lo que no es baladí si éstos sirven de freno a los caprichos. Y cuando no hay vocaciones(palabra que procede de «llamada»),tan solo hay trabajo(palabra que procede de «tripalium»,un instrumento de tortura).

La diferencia entre el guerrero y el soldado estriba en que el primero combate por su tierra, su patria, un ideal o lo que quiera que sea, y el segundo por la llamada «soldada»,es decir, el sueldo. El puritanismo de antaño ocultaba bajo el pudor los deseos más ardientes e inconfesables. El puritanismo actual, mucho más insidioso, oculta bajo el disfraz de lo prosaico las cualidades más excelsas de los hombres. Asi la vocación y la entrega yacen ocultas bajo los velos del deber y del trabajo.

Sabido es que al cabo de los años el entusiasmo con el que se comenzó a ejercer un oficio amenaza con convertirse en rutina y hastío. Todos hemos experimentado lo difícil que es alcanzar esa armonía entre el amor y la rutina que evita que las tareas cotidianas nos resulten insípidas y caigamos en la indolencia sofocando así el cuidado por cuanto realizamos. Cuanto me hubiera gustado escuchar a esa mujer -y no es recaer en romanticismo alguno-, despojarse del pudor actual del que es rehén, para decir:»No nos aplaudan. Es nuestra vocación». Porque las he visto y lo se. Muchas de ellas por estar a tono con su tiempo,ignoran que se engañan a si mismas. Llaman «trabajo» a cuanto no es sino oficio, entrega y vocación sin los que el convalenciente no vería en sus rostros el resplandor del cuidado esencial.

Javier Estangüi Ortega

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