De nuevo a vueltas con la poesía

Han sido algunos poetas quiénes han insistido en que la voz genuina viene del desierto y desemboca en el silencio. Nunca he creido ni he experimentado belleza alguna en la llamada poesía de la experiencia. Esa poesía que por terror a caer en la abstracción,pues el poeta es incapaz de alcanzar el símbolo, se reduce a ser un registro y un inventario de todo cuanto le ha sucedido a aquél.

En las grandes obras de poesía sucede lo contrario,el poeta se ajena o se oculta a medida que la obra va germinando. El autor experimenta la hondura y el misterio de la existencia, también de la suya propia. La obra le sobrepasa y le desborda y, precisamente por eso, puede ésta revelar algo común a todos los hombres. La relación entre el autor y la obra, en el poema auténticamente logrado, es inversa:cuanto mejor es la obra más se oculta el autor. Tal vez llevado al principio por el deseo de comunicar, el poeta se transforma en el transcurso de la escritura, lo que al comienzo pudo ser un plan ,resulta fruto de una fuerza superior a el mismo. La comunicación deviene comunión y la obra encarnación de un misterio compartido. De el se podría decir lo que dijo Kierkegaard de si mismo en «Las etapas en el camino de la vida»:»Yo soy un personaje que desaparece, como el obstetra cuando el niño ha nacido».

Javier Estangüi Ortega

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