Dos grandes obras sobre la revolución francesa

Lo propio del mediocre con vocación de inquisidor es no ver o despreciar la grandeza de quiénes no piensan como el o no son como el. Antes de juzgar una obra husmean siempre en el carnet de identidad del autor para etiquetarlo y exonerarse de la tarea de pensar ,así se privan de abandonarse al inmenso placer que da siempre el gozo de la grandeza ajena.proceda ésta de dondequiera.

Y dos obras tan grandes como discrepantes acerca de la revolución francesa son las de Jules Michelet:»Historia de la revolución francesa»,reeditada hace pocos años y cuya traducción realizó Blasco Ibáñez,y la de Hippolyte Taine :»Los orígenes de la Francia contemporánea»,publicada en español en seis volúmenes , editada a principios del pasado siglo y que no ha sido mas que parcialmente reeditada. Ambas magníficas . La de Michelet, escrita con una prosa extraordinaria ,exenta de la sequedad de gran parte de las obras actuales de historia que confunden el estilo académico y anémico con la objetividad, no elude los aspectos más trágicos de la revolución como fue la época del terror. Con todo, el historiador,llevado de un gran celo por la ecuanimidad y sin ocultar hechos ajenos a su propias preferencias, toma partido por la Revolución evitando caer en unilateralidad alguna.El libro está escrito como una epopeya de los humildes con sus virtudes, su ceguera y sus odios. Hay un punto a partir del cual el entusiasmo del pueblo decae ,las presiones exteriores y la necesidad de organizarse, conducen al tiempo negro del terror,pero,a juicio del autor, a la postre, el fin de la revolución y sus ideas han tenido un carácter liberador en la historia francesa y europea. Las páginas en donde se describe la figura de Carlota Corday son soberbias.Michelet llega incluso a simpatizar con ella. El libro es un tesoro en donde se muestra que el rigor histórico puede ir acompañado de una prosa vibrante y la búsqueda de la verdad en absoluto ha de ir marcada con el sello gris del academicismo cuya esterilidad a menudo se disfraza de ecuanimidad.

La obra de Taine,de prosa menos poética y vibrante que la de Michelet, refleja esa virtud del gran historiador capaz de aunar la belleza del relato con el respeto escrupuloso por la realidad. Taine juzga a la revolución francesa como precursora del totalitarismo. No hay para el un punto de inflexión donde la gran idea se pervirtiera.El germen era perverso desde los inicios.

En el terreno literario se puede parangonar la obra de los historiadores con la de Víctor Hugo:»1793″ y la «Historia de dos ciudades»de Dickens. Ambas soberbias en su estilo y poseidas por esa magnanimidad y nobleza de la que carecen las almas sectarias y mediocres. Ambas grandes como las primeras. Sobre todo éstas son una lección de magnanimidad, deseo de ecuanimidad, anhelo de encontrar la verdad que, a su vez, y leídas sin anteojera alguna,hacen al lector mas grande, fomentando en el esa admiración tan necesaria que lleva a los mejores espíritus a crecer, a dar gracias a quiénes sosteniendo diferentes ideas son un constante acicate para su inteligencia, a no refugiarse más bajo las siglas de cualquier camisa de fuerza mental. Las dos tan distintas en sus juicios ,y tan colosales.

Javier Estangüi Ortega

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