¡Hay que evitar a toda costa el guerracivilismo!
El recrudecimiento del lenguaje, los insultos, las amenazas y coacciones, los enfrentamientos cada vez más frecuentes no son sino síntomas alarmantes de la polarización de nuestra nación y no nos auguran nada bueno. Cuando el criterio para comprobar la verdad de un acontecimiento no es la ecuanimidad ni el amor por aquélla sino el sectarismo mas enconado y enceguecido, cuando el maniqueismo se extiende cada vez mas y proyectamos en los otros-ahora considerados enemigos-nuestros propios errores y nuestro propio mal, cuando somos inmunes a cualquier razonamiento y tan solo rigen el rencor y el odio que quitan siempre la palabra a quiénes previamente hemos denostado, cuanto la información se reduce a eslóganes, consignas y propaganda, cuando el grito y la rabia ensordecen los razonamientos y los sembradores del odio no hacen sino fomentar el matonismo y la violencia, encendiendo así una cerilla en un barril de pólvora, estamos a un paso de lo peor.
Los psicólogos nos han hecho ver hasta que punto el propio sufrimiento se puede transformar en odio proyectado sobre la figura del «otro», a la vez que éste es convertido en un chivo expiatorio que hay que eliminar cueste lo que cueste. Naturalmente una vez eliminado éste, descubriremos decepcionados que los males que le imputábamos no han desparecido y, o bien, acusamos de traidores a quiénes militan en nuestras propias filas, quintacolumnistas, espias,renegados,etc (tal fue el mecanismo de la guerra fría); o bien descubriremos que la utopía a la que con tanto celo nos habíamos consagrado tiene un sabor amargo,»humano,demasiado humano».
Y no escribo esto porque crea que la verdad,como se dice tantas veces, esté en el término medio, sino porque nos es imposible descubrirla si previamente nos hemos puesto una venda en los ojos. Por eso la alianza más necesaria hoy en día es la de quiénes, militen donde militen y simpaticen con quien simpaticen, aún sean más fieles a la justicia y a la verdad que a sus adhesiones,alberguen en su interior una integridad moral no cegada por propaganda alguna, les duela menos renunciar a sus prebrendas ,cargos y sinecuras, que ser encarnaciones de mentiras y falsedades, sean capaces de no mediatizar sus afectos por las ideologías, capaces de mirarse ante el espejo antes de arrojar piedra alguna,tengan el coraje suficiente para exclamar con el poeta Antonio machado:»¡Tu verdad,no ,la verdad!.Y esa ven conmigo a buscarla,la tuya guárdatela».Y conserven esa mínima integridad que es incapaz de comulgar con ruedas de molino y llamar blanco a lo negro y viceversa. De que haya un número suficiente de tales personas, capaces de no dejarse arrastrar por la corriente a la vez que se muestren activos y no se limiten a ser espectadores de la tragedia, depende el que podamos evitar el desastre.
Javier Estangüi Ortega