Octavio Paz

Huiste de » la escritura gangrenada y el pensamiento oxidado», como maravillosamente escribiste. De la lengua de metal, de madera, de trapo y de plástico del propagandista. De la palabra hobacha con la que el demagogo adorna sus añagazas y promesas. La palabra mecánica y maquinal del arribista , el parloteo al dictado con el que el cristobita expele consignas, dicotomías y simplificaciones. » De las máscaras podridas que dividen al hombre de los hombres, al hombre de si mismo». Porque la poesía, tal como dijiste, es » la resurección de las presencias». Por eso es preciso desprenderse de las máscaras, cascos y corazas, con las que el hombre disfraza su condición de barro. Deshacerse del ropavejero ideológico para contemplar el mundo sin anteojeras prefabricadas. Mirar con gratitud, sin odio y sin rencor.

Ser poeta es caminar descalzo despojado de intenciones. Mirar con devoción cuanto existe. Escuchar la música bajo el ruido. Derribar muros y tabiques con el verbo. » Unos desean cambiar el mundo, otros leerlo- escribiste a León Felipe-, nosotros queremos hablar con el: un día tal vez nos diga algo». Existe también una respiración del alma .Por eso cuando la atmósfera está viciada y sentimos temor a ser hombres, cuando nos hemos olvidado del prodigio de estar vivos, y nos falta el oxígeno; volvemos a tu poesía, canto y honda respiración a un tiempo.

. Javier Estangüi Ortega

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