Llamamos evidencias a nuestras rendiciones y deserciones

Cuando la propaganda suplanta a la razón, la consigna al argumento. Cuando la adhesión a una ideología puede más que la pasión por la verdad. Cuando bajo la toga se esconde el traje de librea del lacayo. Cuando la lengua se transforma en Neolengua. Cuando la extravagancia se juzga originalidad, la novedad creación y arte al artificio. Cuando la academia oficia de celestina y mamporrera entre el poderoso y sus ambiciones. Cuando se recompensa el delito y se persigue al justo. Cuando la realidad es conjurada y exorcizada mas jamás afrontada. Cuando los discursos no son sino la escoba con la que se oculta la suciedad bajo la propia cama. Cuando las ideas se convierten en etiquetas, sambenitos y estigmas con los que se denigra al disidente. Cuando la traición suplanta a la tradición. Cuando los derechos ,Jauja inacabable, no fundan deber alguno. Cuando el obrero no es sino un triste galeote en cuerpo o alma. Cuando la frivolidad y el cinismo desplazan a la responsabilidad. Cuando la suficiencia y la satisfacción nos impiden ser llamados y conmovidos. Cuando la bilis negra mata a la alegría y el rencor, la envidia y la venganza se apoderan de nuestra humanidad. Cuando otorgamos más valor al poder que al amor, a la apropiación que a la exposición y la entrega. Cuando llamamos evidencias a nuestras rendiciones y deserciones. Entonces, si, podemos afirmar que nuestra casa se derrumba.

. Javier Estangüi Ortega

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