Ceuta, una gran maestra
La idea de progreso, ya expresada en el Renacimiento de otra forma, se vinculó sobre todo en la Ilustración con el desarrollo moral del hombre y con la idea de una sociedad cimentada en el derecho y la justicia. Paulatinamente aquél primer sentido se deslizó hacia el fin de domeñar la naturaleza. Está fué la primera revolución industrial y la máquina de vapor su efecto. Las sucesivas revoluciones no fueron en lo esencial sino un asalto a la última fortaleza aún sin dominar: el fuero interno del hombre, la conversión de éste en objeto, la aplicación de nuevas técnicas al hombre mismo. Así la propaganda, la psicología y la pedagogía, salvo excepciones, bajo pretexto de liberarlo de viejas tradiciones y prejuicios, no contribuyeron sino a desarraigarlo, sojuzgarlo y adecuarlo a los nuevos requerimientos de una sociedad cada vez más reglamentada, organizada y tecnificada.
De tal progreso, por no hablar de la devastación a la naturaleza y los estragos a la vida, podríamos decir lo que Feuerbach reprochaba a la teología: ha invertido las relaciones entre el sujeto y el predicado. El hombre, supuesto sujeto del progreso, se ha convertido en su objeto. Redefinido como » material humano» o » recurso humano» ha de tener mala conciencia de no » estar al día» ante las técnicas, modas y artefactos con los que a diario se le hipnotiza y deslumbra. El siervo se ha trocado un ídolo al que es preciso sacrificarse » reciclándose» sin cesar , sometiéndose a una » formación permanente». De este modo las cárceles inmóviles de antaño son , merced al progreso que no para de progresar, cárceles móviles que, como en los juegos de simulación de carreras de automóviles, dan la impresión de cambio y dinamismo a una vidas inmovilizadas en su perpetua movilidad.
Por otra parte , Kant expuso maravillosamente la idea de una sociedad cosmopolita en su breve ensayo » Sobre la paz perpetua».A mi juicio se trata de una especie de Deísmo aplicado a las distintas sociedades. Pues así como el deísmo prescindía de las tradiciones, ritos, mitos y liturgias como algo accidental a las religiones para ,por medio de la razón, depurar aquéllas hasta alcanzar su núcleo esencial : creer en Dios y exhortar al proceder moral; Kant prescinde de la historia, las religiones, las tradiciones , las costumbres, las leyes y las lenguas, para proponer una suerte de federación universal de sociedades cuyo contenido esencial sería la supresión de los ejércitos permanentes y un nuevo derecho cosmopolita. Mas pensar en tal sociedad cosmopolita, un contrasentido en si misma, sería tanto , por poner un ejemplo de Feuerbach, como crear un instrumento musical que, siendo específico, diese las notas de todos los instrumentos musicales. Una sociedad cosmopolita no sería sino una abstracción y un deseo. Un intento de establecer un paraiso en la tierra como lo fué posteriormente la prometida sociedad sin clases.
Los » Derechos humanos» formulados tras la segunda guerra mundial por la denominada » cultura occidental» , con todas sus limitaciones, trataron de establecer un ideal merced a cuyo canon pudieran valorarse las distintas sociedades. Tan distintas , que uniformarlas y homogeneizarlas era tanto como destruirlas.
Cuando se alega el que los invasores, asaltantes o huídos de la hambruna , que ahora han desquiciado a la ciudad de Ceuta, son personas para legitimar su permanencia y evitar su repatriación; se omite de buena o mala fé, que ese término no es hoy sino una abstracción encubridora de un interés y una ideología. Hitler también era persona, y Stalin, y Jack el destripador. Y con esto no te apresures lector a arrojarme el sambenito. No trato de cotejar a quiénes han violado la frontera con tales desalmados. Tan sólo pretendo subrayar lo edulcorada y vacía de tal argumentación : pretendiendo decir todo, no dice nada. Las personas han nacido en un lugar, poseen tradiciones, costumbres y lenguas propias. No son como algunas plantas susceptibles de ser injertadas cómo y dondequiera.
Ser persona, sostenía Kant, es ser un fin en si mismo, no un medio para un fin. Lo que hoy nos vincula más que nunca es nuestra común fragilidad. Los césares, a un lado y otro de las fronteras sueñan con que sus víctimas se devoren entre si. La devastación de la naturaleza, la conversión de los hombres en recursos, la existencia de armas nucleares y biológicas, fundan una nueva ecúmene entre los hombres. Estamos hermanados por cuanto nos amenaza. Y Ceuta no es sino la expresión al límite y con una lupa de aumento de nuestro mundo: anómico, híbrido, deforme.Un espacio despojado de su nombre donde césares , en un ignominioso pacto, se complacen con su cruel circo . Mientras, han de ser devueltos los niños a sus familias, repatriados quienes han sido utilizados y exhortados a violar una frontera, y tachados de traidores a quiénes no han dado orden de defenderla y condescienden ahora con la putrefacción de una ciudad. Mas eso no basta , lo sabemos , entre el juego atroz de la geopolítica y la moral se libra también una batalla en nuestro interior. Ceuta es también un aldabonazo para nuestro conformismo y nuestra mullida y anestesiada conciencia. Ya no podemos regresar a esa normalidad de éter. La artificiosa tranquilidad y la desesperación se han encontrado allí súbitamente y no darán tregua a nuestra alma, si es que aún no estamos anestesiados.
. Javier Estangüi Ortega
Por cuanto eres tibio, te vomitaré de mi boca
En ocasiones la llama de los Savonarola toma por tibieza el querer la verdad que no se alista al toque de corneta.