Decálogo para un política sin escrúpulos

  1. Absoluta subordinación de la ética a la política. No seremos lobos disfrazados de corderos, pues el cordero, antaño símbolo de la inocencia, es hoy considerado como un animal necio y pastueño. Seremos más bien hienas disfrazadas de lobos. Proclamaremos con Nietzsche que «Dios ha muerto» para ocultar que sigue vivo el diablo.¿No escribió Lenin que había que aliarse hasta con el diablo?. ¿Y no es llamado éste en las sagradas escrituras «el Gran Mentiroso»?. Además la palabra «diabólico» procede del griego «dia-ballein» que significa «dividir». Nosotros seremos sus representantes.
  2. Destruiremos a la clase media que siempre ha mitigado y atemperado los conflictos y fomentaremos el guerracivilismo por doquier. El adversario ha de ser considerado un enemigo. Nuestros pilares serán la estigmatización, la intimidación y la coacción. Crearemos una fuerza de choque dispuesta a ser inmediatameente movilizada para señalar,tener en jaque a los disidentes y ocupar las calles. Grupos de acólitos subvencionados, síntesis del mercenario y el devoto a la causa. Nuestros modelos serán la noche de los cristales de los nazis en el exterior y las purgas estalinistas en el interior.
  3. Verdad,belleza y bien no son sino antiguallas de soñadores e idealistas. Tan solo el Poder cuenta. El Poder es bueno. El Poder es bello. El poder es la Verdad. La auténtica dialéctica es la de Poder-Impotencia.
  4. La realidad no es mas que un constructo y la construiremos a nuestro arbitrio si disponemos del control de los medios de comunicación,esto es, de propaganda. Puertas adentro Goebbels tenía razón.Lo que importa es ganar la guerra,la historia la escriben los vencedores. Lo decisivo no son los llamados «hechos»,sino el relato que elaboramos de los mismos.
  5. «El hombre es algo que debe ser superado»,escribió Nietzsche. De el, hemos de tomar la idea de que el hombre es algo que debe ser despreciado, no en vistas a alcanzar superhombre alguno, sino en aras del militante, la identidad de género y la división generacional. Pues el hombre posee los vicios de la contemplación, el asombro, la duda;atributos todos que nos sustraen del enfrentamiento, las consignas y la visión maniquea del mundo.
  6. El ocultamiento, el cinismo y la impostura serán nuestos resortes. Disfrazaremos el resentimiento y la cólera con el traje de la justicia, vindicaremos la transparencia y practicaremos el secretismo y la conspiración, encubriremos nuestra ansia de poder con las más nobles utopías, nos apropiaremos de las causas más nobles para encumbrarnos.
  7. Sustituiremos la palabra «caridad» por las de «empatía» y «justicia». Desacreditaremos la primera como una costumbre periclitada y bochornosa de hipócritas y tiranos paternalistas para ,en su lugar, practicar una arbitraria y generosa filantropía con los bienes ajenos al tiempo que incrementaremos nuestro propio patrimonio. Aspirantes a burgueses y hedonistas en nuestro fuero interno y ascetas y revolucionarios cara al exterior.
  8. Legislaremos acerca de todos y de todo. Reformaremos el lenguaje como ningún tirano ha osado hacerlo. Y lo haremos en nombre de la igualdad, los derechos humanos y la democracia. La política lo inundará todo y todo será convertido en un asunto político. Un perpetuo campo de Marte.
  9. Clasificaremos a los hombres entre militantes y enemigos, hombres y mujeres, jóvenes y ancianos. Nuestro suelo nutricio es el enfrentamiento. Para nosotros, los dirigentes,la gélida estrategia y la planificación,para nuestros prosélitos ,las conductas viscerales. En lugar de confrontarnos con razonamientos emplearemos argumentos «ad hominem». Descalificaremos a alguien como «fascista»,»machista» o lo que sea.Y eso será mucho más eficaz que argumentar. La lógica y el pensamiento han de subordinarse a la manipulación y la demagogia. Y si nos acusan de populistas o demagogos devolveremos al adversario la acusación.
  10. La tierra no es mas que un campo geoestratégico. También lo son las instituciones. Las colonizaremos y las parasitaremos. Eligiremos nuestros jueces,nuestros profesores,todo. Degradaremos la carrera administrativa para colocar a nuestros afines y orillaremos a la auténtica valia. Los jueces no serán jueces,ni los profesores,profesores,serán esbirros nuestros, seres paniaguados y sumisos. Y todo esto lo haremos apelando a la soberanía popular,pues hemos hecho creer que nuestro sistema representa tal soberanía y que existe división de poderes. Un tercio de la población nos será afín,otro dudará y,cuando repare en su impotencia y en cuanto puede ganar si se pone de nuestra parte,estará con nosotros.El resto se pudrirá en el ostracismo y se consumirá de impotencia. ¿Y acaso el pueblo convertido en plebe no elige siempre a Barrabás?

El lector avispado advertirá que todo parecido con la realidad es mera coincidencia.

Javier Estangüi Ortega

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