¡Prohibido conocer!

Una queja común de numerosos médicos en España se ha dirigido contra la prohibición,dictada por el gobierno, a la realización de autopsias. Antaño tal prohición se justificó porque, en palabras del apostol :»el cuerpo era el templo del espíritu Santo». Las razones actuales para tal interdicción no tienen un ápice de la nobleza anterior, pues no son sino indicios de que se quiere ocultar la cifra real de los muertos causados por la epidemia. Así, los médicos han ido cambiando los protocolos de tratamiento sobre la marcha , por ensayo y error. Se les ha hurtado la posibilidad de descubrir con más celeridad el tratamiento más eficaz contra la enfermedad, antes de que el rosario de infectados y muertos y los médicos italianos-a los que si se les ha permitido realizar autopsias-,les pusieran sobre la pista. Estremece pensar que un gobierno,sea el que fuere, haya sido capaz de preferir el ocultamiento de la realidad a permitir una investigación exhaustiva que seguramente hubiera reducido el número de muertes. Y al menos, hasta la fecha, no han dado razón alguna para prohibir tal realización de autopsias.

Al margen de las creencias e ideologías que profese cada uno y en una sociedad que no estuviera moralmente anémica y corrompida por la incesante propaganda,esa sería una razón mas que suficiente para sentir una mezcla de horror y aversión contra tal gobierno y condenarlo de por vida al ostracismo. Y es que cuando escuchas a sus responsables perorar, cuando adviertes con que desfachatez eluden preguntas incisivas, o las discriminan para seleccionar solo aquéllas que les son gratas. Cuando observas el vacío, -tal vez producto de la propaganda,la mala educación o de ambas cosas-la fingida indiferencia y el desprecio,en ocasiones absortos en sus móviles, con el que tratan a sus adversarios cuando éstos toman la palabra,reparas en que sus rostros son cada vez más pétreos. LLevan sellada en la frente la única divisa que les puede salvar :»¡Prohibido conocer»!.

Javier Estangüi Ortega

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