Los nihilistas en el gobierno

Tras la segunda guerra mundial la izquierda europea aceptó el sistema capitalista y se centro en cuestiones antes preteridas ,despreciadas u olvidadas por ella misma como la ideología de género ,las identidades sexuales y un medioambientalismo que no aspira ni de lejos a modificar nuestro modus vivendi. Hoy en día tales asuntos no son mas que el paño de las vergüenzas tras el que se camufla un deseo de medrar y una insaciable avidez de poder despojada de cualquier principio. Izquierda y derecha son actualmente los trapos viejos con los se oculta el cinismo mas descarnado reforzado por una propaganda incesante y una insultante carencia de escrúpulos. «Aparentar tiene más letras que ser «,escribió Karl Kraus. Y los muñecos vacíos a los que hoy tratan infructuosamente de revestir de enjundia y dignidad los expertos en marketing no son sino cristobistas cuya pericia es la desfachatez con que mienten y exhiben un muestrario de frases vacías. La impostura, la incompetencia y la inmoralidad son hoy la calderilla que trata de desplazar a la auténtica moneda. Una calderilla,eso si, encumbrada por los medios y cuyo mérito estriba en desarrollar la astucia y el halago que llevan siempre a aliarse con quien dispensará los cargos. Nada tiene de extraño que gente así odie y persiga encarnizadamente la verdad y el conocimiento,pues éstas pondrian en evidencia sus vergüenzas. Y ese es el pacto que mantienen quiénes forman en su mayor parte la llamada clase política. Los augures en Roma se dice que se sonreían cuando se cruzaban por las calles. Sus remedos actuales, para ocultar su desprecio por la verdad, tratan de desacreditar y hacer aparecer como esperpentos delirantes a quiénes ,a despecho de las mentiras y las medias verdades, revelan su ignominia. Para ellos,en la cúpula, el cinismo y la propaganda, para los suyos,en la militancia, la estulticia o el oportunismo del que espera los mendrugos que caen de sus banquetes. Los sectarios y fanáticos de antaño han sido reemplazados por los nihilistas de hoy. Si se miraran en el espejo de la verdad se horrorizarían de si mismos, por eso han de hacernos creer que ésta no existe,que es una construcción a la medida de quien ostenta el poder y que la bondad es un prejuicio o una antigualla que no cotiza en el mercado más importante y lucrativo para ellos: el de ser representantes de esa magia negra que trata de convertir la realidad en sueño y la tramoya en realidad. El coronavirus les preocupa menos que el sentido común, la decencia, o la inteligencia que, como el niño del cuento, señalan su desnudez.

Javier Estangüi Ortega

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