La mentira de la muerte dulce
En una sociedad repleta de artefactos y fetiches tecnológicos, mas falta de caridad y compasión . En una sociedad donde se insta al niño a ser adulto, al adulto a ser niño y al anciano a recluirse en uno de esos morideros- antes llamados asilos y ahora residencias , que es más fino-, de nombres rimbombantes. En una sociedad donde la asepsia suplanta a la calidez, la desconfianza y el interés a la cercanía, los derechos al amor, el poder a la entrega, el protocolo y la moda al compromiso, y la propaganda a la verdad; no es extraño el que los apóstoles del pre-hombre y el post-hombre, maquillen el abandono al hombre por medio de eufemismos, retorcimientos y contorsiones de la palabra.
Así , para privar a la muerte de su tragedia, su vértigo y su filo, han inventado la expresión de » muerte dulce». La muerte pregonada a bombo y platillo por los fariseos. La fría guadaña maquillada como el beso de una cortesana complaciente. El arrebato y el desgarro convertidos en viaje de placer. La muerte ideal, soñada por los sonámbulos desencarnados, robotizados y pasteurizados. Muerte sin estertores ni agonía. Muerte de diseño. Como una embriagadora canción de cuna, una suave letanía. «Ea, mi niño, ea. Ya es hora de dormir».La continuación de una anestesia vitalicia. Muerte que nos dispensa del duelo. Una mentira a goteo o a inyección.¡ Que cortesía la del moriturus que se retira de puntillas del gran teatro del mundo!. Sin espetarnos ni ser el espejo de nuestra propia vida traicionada. La muerte confiscada, expropiada, convertida en una suerte de postrera profilaxis. » Ea, mi niño, ea», nos susurra y nos canta la Górgona, disfrazada de ángel.
. Javier Estangüi Ortega