También se desvivieron

Hoy hablo de ellos. Me salgo de madre para hablar del padre. Heredaron las calamidades, los sufrimientos, las penurias y el mutismo de la postguerra. Historias de odios, delaciones, cárceles. Padre patria desolada, padre puente roto hacia lo arcano, padre inaccesible pináculo para el niño. Lenguaje mutilado por la brega diaria, la radio y el periódico. Verbo desencarnado, preso incomunicado en una angosta celda cuya cerradura tan sólo abrió la vejez y la agonía. Salían de casa, de la barricada, para librar la batalla y ganar el pan con el sudor de su frente. Y regresaban cabizbajos, abatidos, derrengados. Así por años, por vidas. Padres descreídos de todo cuanto no fuera la naturaleza: vivir, luchar, morir. «Ni Jehova ni Jehoviene». Padres de vocaciones amordazadas por la necesidad. Padres de palabra cuyas frases lapidarias caían sobre la frente de sus vástagos como un segundo bautismo. «No robes». «Se cumplidor».» Con la verdad hasta la horca». ¿ Hasta la horca, padre?, inquiríamos en nuestro fuero interno sin atrevernos a replicar. Emigrantes, electricistas, carpinteros, albañiles, fontaneros, horticultores, practicantes, pluriempleados. Navajas suizas. Autodidactas, mañosos, aplicados, baqueteados por la vida, flagelados y dignos.De cabeza alta sin soberbia. De andar firme. Su único contento fué ver progresar a sus hijos.» Ya gana más que yo» presumían en la partida. Se apagaron en silencio ,» como adulcidos por el sueño». Aro lento su memoria como animal de labranza. Alzó su estandarte . Este escrito es un toque a rebato. No dejes que agiotistas, frívolos, vendepatrias, derriben la casa de tu padre.

. Javier Estangüi Ortega

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