Historias que invitan a pensar (66)

En un extraordinario libro de Wladimir Weidlé » Ensayo sobre el destino actual de las letras y las artes»(ed.Emecé), se lee lo siguiente:» Entre los numerosos suplicios que para el arte reserva el mundo contemporáneo, el más cruel quizá sea el suplicio de la luz: el que lo padece se asemeja al prisionero encerrado en una celda donde día y noche arde una lámpara eléctrica con implacable brillo artificial.Al tratar de protegerse contra la cegadora claridad busca un mundo en el que no existe ese suplicio». Así el artista, según el autor, para protegerse de tal luz artificial,se vuelve hacia la noche, las tinieblas y el inconsciente. Tal fué la reacción de los románticos ante la «bujía eléctrica» del denominado siglo de las Luces. A fuerza de pretender identificar al hombre exclusivamente con esa razón tan unilateral como restringida, abocó a este a la barbarie. A Jung corresponde el mérito de habernos mostrado hasta que punto los contenidos de la psique » suprimidos», orillados y preteridos se vuelven contra esta e irrumpen de forma primitiva y violenta en la consciencia enajenándola sin remedio. Las grandes «epidemias emocionales » del siglo XX dan fe de todo esto. El hombre incapaz de desarrollar armónicamente sus facultades deviene un bárbaro, destruye la naturaleza y se destruye a si mismo. La luz solar ilumina la oscuridad . La luz artificial apaga la luz natural de las estrellas.

. Javier Estangüi Ortega

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