El burka de la propaganda

El dinero, escribió Karl Marx , es » la prostituta universal». Hoy ese papel lo cumple con creces la propaganda , se ofrece gratis y a todo quisque. Una gratitud venenosa pues necrosa la mente y jibariza el pensamiento.Sus artįfices no se preguntan ¿qué es el hombre?, ¿ En qué estriba su dignidad?; sino más bien:¿ cuántos anuncios, eslóganes, ideas espray y consignas puede albergar ese gran contenedor de deshechos al que hemos reducido el cerebro humano?.

La propaganda es un burka especial: impide ver la realidad mas vuelve completamente transparente al que lo lleva. En su exterior hoy lleva grabado , a fin de legitimar la guerra, frases rimbombantes y archirrepretidas, vaciadas y requetemasticadas como un paloduz sin jugo, tales como » derechos humanos», » democracia», » libertad de la mujer». Según nos restregaron una y otra vez los media tal libertad está representada por quiénes celebraban obscenamente el asesinato del ayatollah Jameini, agitando sus cuerpos en movimientos donde las muecas de guiñol se alternaban con los miembros convulsionados por descargas imaginarias. Así daban a entender al espectador que lo que realmente falta en Irán son discotecas. Pero ¿ Cómo no es aún el derecho a la discoteca un derecho humano?.

Nuestros liberales rasgándose con razón las vestiduras e invocando a la diosa vestal del » estado de derecho» cuando Sin Escrúpulos, a golpe de decretos, se salta a la torera al parlamento , no tienen empacho en festejar con verbo desmelenado a Rambo cuando este declara la guerra ciscándose en el derecho internacional y sin el consentimiento de su congreso. Por lo que se ve son fijos discontinuos del derecho e invocan las leyes a tiempo parcial y con la boca pequeña. La única ley en la que creen es » la ley del mercado. Tienen vocación de mercachifles.

Uno de sus voceros, burócrata de la política cuasi vitalicio salta a la palestra virtual de las redes disfrazado de revolucionario. » Tiranía o libertad, esa es ahora la elección», soflamea nuestro Robespierre liberal . Ignoraba que nuestros liberales y muchos de los autobautizados como » conservadores» fueran también devotos maniqueos. ¡ Qué fotomatón os habéis hecho!.

. Javier Estangüi Ortega

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