» Guerra preventiva»
Sabemos ya, salvo cerrar los ojos o mirar hacia otro lado, como se divierten muchos de los capos que dirigen nuestro mundo. Abotargados, anestesiados, ebrios de riqueza y de poder, pobres de espíritu y horros de compasión, despreciándose en su fondo hasta la naúsea; sólo son capaces de sentirse vivos inflingiendo dolor, torturando, sirviéndose de niños y niñas para sus deleites estragados. Aquelarres donde los rostros maquillados por el éxito y las loas de la propaganda se truecan en la mueca sádica y grotesca del gusarapo moral que precisa comprar o destruir los espejos de otros rostros para no reflejarse como es : el desgraciado y pobre contrahecho de alma en que se ha convertido: el ridículo discípulo del ridículo Marqués de Sade quién confundía la libertad con la servidumbre a la muerte, al capricho y la crueldad que lo tenían aherrojado , triste galeote de su ser más vil.
Todos los media sacan a relucir , eso sí a pequeñas dosis, esas orgías de espanto e ignominia donde la humanidad es degradada a ser la ergástula de los capos. Mas todos celan , en tácito consenso, el decirnos a que servicios secretos servía esa celestina del oprobio llamado Epstein.
Sus capos o sus socios bombardean hoy una nación . Como cacarea hoy buena parte de la prensa, tristes taquígrafos de éstos, se trata de » una operación quirúrgica», una » guerra preventiva» a la cual han bautizado como «furia épica»( como babean de gusto al convertir en gesta la vileza). Y no se les cae la jeta de vergüenza cuando hace semanas nos informaban cómo los » bombardeos preventivos» habían destruido todos laboratorios e instalaciones nucleares de aquél régimen nefando, y hoy nos alarman de que tan sólo le faltaba una semana para convertirse en otro coco nuclear.
Ahora tratarán de anegar nuestro juicio con una catarata de propaganda vertida por los albañales de esos medios, en comandita con los capos, tan plurales en lo secundario como unánimes en lo esencial. Convertirán la masacre en un acto de filantropía, de democracia al por mayor y, ¿ cómo no?, defensa a granel de los derechos humanos , comodín con el cual hoy todo se justifica.Por eso leer hoy los libros de Arthur Ponsonby » :»Falsedad en tiempo de guerra», y de Anne Morelli :» Principios elementales de propaganda de guerra», no es sólo un antídoto contra la mentira, sino gozar de la posibilidad de conocer de antemano un guión cuyos voceros recitarán de consuno hasta aturdirnos y reventar nuestros oídos.
. Javier Estangüi Ortega