Indignados a la carta (2).
En su noche todos los gatos son pardos. Por eso , en innumerables ocasiones, acusan de » discriminación» a quienquiera que les lleve a diferenciar, pues pintan siempre con la brocha gorda de lo indiferenciado. Tristes cartujos presos en las celdillas de sus miedos. Desertores de las simas, los abismos, vértigos y estremecimientos del alma. Cofrades de la única internacional hoy existente: la del globalismo de los milmillonarios y la inquisición de los devotos de la corrección , han reemplazado el beso de Judas por la cancelación, la difamación el ostracismo y el punto de mira del ejecutor. Cristobitas de un juego macabro de rencor y odio, cuyo clamor por la justicia suena a la voz impostada del mal actor. Dividen a los hombres entre » los nuestros» y los » otros». Híbridos entre el delator, el acusador, el dispensador de indulgencias a la carta y el expendedor de bulas para mentir, robar y si llega el caso, asesinar. Su moral es un recetario de consignas. Su conciencia una pasarela por la que desfilan ufanos y orgullosos, pues se han apropiado de muchas causas nobles con las que medran y negocian en las bolsas y mercados del sufrimiento ajeno. Son expertos en convertir la frustración en odio proyectado para, pese a vivir como sibaritas, sentirse víctimas. Se soliviantan ante las atrocidades lejanas, más son incapaces de conmoverse ante el mendigo cercano. Se desgañitan por aquéllos a quiénes apenas pueden ayudar.En absoluto se jugarían su bienestar para ello y son ciegos y sordos para con la barbarie al alcance de la mano. Se hacen selfies de indignación moral, incapaces del compromiso desinteresado y silente, del gesto tierno de quién cobija. Tuertos del ojo derecho o del ojo izquierdo , como los describió certeramente Ernst Jünger.No son sino » filisteos de la moral. Comediantes de su propio ideal»( Mattéi).
. Javier Estangüi Ortega