Indignados a la carta
En el extraordinario libro de Jean-François Mattei «L’ homme indigne» ( Ed Cerf, 2012), el autor menciona en su prólogo el desmedido éxito del opúsculo de Stéphane Hessel » ¡ Indignaos!», cuya primera tirada de 400.000 ejemplares fueron vendidos en Francia en dos meses. Hessel, humanista, valeroso resistente ante la ocupación nazi, miembro de la comisión encargada de formular la declaración de derechos humanos, no es, según Mattei, capaz de sobrepasar los límites de la ideología por la cual está poseído. Y esto por varias razones que expone el filósofo en el mismo prólogo y resumo a continuación:
- La genuina indignación no puede ser resultado de un imperativo, ni de un acto voluntario, ni de un compromiso. «Uno no se indigna por abstracciones- escribe Mattei-, este sentimiento se alza en nosotros como una tormenta ante la injusticia singular sufrida por un ser». No resulta posible indignarse, añade, como resultado de una demanda. No es posible indignarse a la carta. Pues, en este caso, la indignación no hace sino ocultar la impostura.
- Hessel hace derivar la indignación de un juicio razonado » siguiendo una indignación selectiva procedente de un juicio que no lo es menos…indignación que no ve sino por un solo ojo y no se indigna sino por un solo grito». Camus caracterizaba a la genuina indignación , libre de afectación e impostura, como » asombro angustiado» ante la injusticia. Por su parte, Georges Bernanos se refería a ella como » el grito ultrajado de una conciencia afectada por el escándalo». «Si no es esto- señala nuestro autor-, no es sino el falso semblante de una conciencia hipócrita que, en el sufrimiento del otro, no ve sino su propia justificación». A este respecto Mattei cita de nuevo a Camus, del que es un gran conocedor: » Es verdad que la indignación declina. Peor aún, se organiza, se ejerce a hora fija y en sentido único. Nuestros protestatarios han llegado a ser hemipléjicos. Eligen entre las víctimas y decretan que unas son conmovedoras, en tanto que otras son obscenas».
- Nuestro tiempo, ahíto de antagonismos sembrados , alimentados y avivados a conveniencia por los tráficantes de la discordia, el odio y el resentimiento, hace que la indignación genuina, la que anhela justicia, se trueque en ideología. Así, escribe el filósofo:» Cuando ciertos indignados llegan a indignarse de las indignaciones de otros, y no de las ofensas hechas a la justicia, consideran como indignos los sentimientos de sus adversarios y, pronto, a estos mismos…Cada grupo concernido toma partido, en lugar de tomar conciencia, y busca denigrar la indignación del grupo adverso en una sobrepuja que oculta las injusticias contra las cuáles se alzan». Cada partido hace profesión de ceguera voluntaria o involuntaria y, en lugar de fundamentar su indignación la transforma en resentimiento y en una piedra arrojadiza para con su adversario. ¿ Existe aún algo peor?, se pregunta el autor. Si, la resignación . » Al que nada indigna porque todo es vano y nada es digno de nada, y no vale la pena conmoverse ante la injusticia causada a los hombres».
- Aquí no he hecho más que resumir las ideas de Jean- François Mattei . Este artículo sembrado de citas no es sino un estímulo para leer a este encomiable autor.
. Javier Estangüi Ortega