Hispanoamericanos

Los reconozco por sus voces, sosegadas, melódicas, dulces, música para los oídos habituados a la lengua de madera, al dictado monocorde y mecánico del hastiado o al grito desabrido y bronco de los empresarios del dolor y la indignación, de quiénes se sirven del sufrimiento ajeno para medrar. » No te preocupes, amor mío, ahorita mismo llego», escuché en el coche de línea decir a una mujer cuyo rostro no vi, pero cuya caricia sentí , incluso para mi, destinatario involuntario de su música, como un bálsamo. Los reconozco por su hospitalidad y su culto a la amistad. Por su afrentosa vitalidad en medio de tanto sonámbulo adormecido por el runrún de la comodidad y el » bienestar».

Transterrados, que no desterrados, se sintieron quiénes, tras la guerra civil, se afincaron en sus países. Nos libraron de la hambruna en la postguerra .León Felipe y Ángel Ganivet en su inolvidable » Idearium español», soñaron con la Hispanidad. » Y ahora estoy transtiempado, en duermevela/ soñando con Malinche de canela/ la Dulcinea de mi nueva España», canta el poeta José Hierro. En un poema de Borges se lee lo siguiente:» España, podemos olvidarte, podemos profesar otros amores, porque indestructiblemente estás en los lazos de la sangre».

Un abismo oceánico nos separa de ellos. Y otro más inmenso aún: el de nuestra ciega autocomplacencia y nuestro servilismo hacia la cultura anglosajona. Despojados de raíces y de alas se es siempre, aún rodeado de los «gadgets» de la última generación, un paria y un mendigo. Sus vástagos todavía celebran y cantan en su lengua materna, no como los nuestros tristes trasuntos acomplejados por la cultura anglófona. Mas ya comienzan, como hicimos nosotros, a canjear sus nombres por nombres extranjeros. Ya van a enarbolar orgullosos , junto con las élites de la traición, la falsa bandera del colonizador. El derrumbe moral y cultural son la antesala de la división y la fragmentación. No es casualidad que el centro para fomentar el indigenismo en Iberoamérica tenga su sede en Londres. Los separatistas de aquí cumplen la misma función . Después de esta lenta agonía, ¿habrá resurección para todos nosotros ?.

Javier Estangüi Ortega

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