Expertos en envilecimiento

Casi todo el mundo conoce la jocosa historieta del hombre que pilla in fraganti a su mujer con otro en el lecho y esta, con voz serena y apaciguadora, se justifica con la frase :» Cariño, no es lo que parece». Imaginemos ahora que en auxilio de dicha adultera acudiesen tertulianos de toda laya ( léase propagandistas), expertos en derecho ( léase en torcido), asociaciones de toda clase e incluso psiquiatras sufragados y subvencionados por tal mujer. Y que todos ellos se hubieran conchabado para persuadir al burlado de que sus percepciones son falsas e incluso manifiesta síntomas inequívocos de algún transtorno mental : alucinaciones y paranoia. El hombre tal vez comenzase a dudar de sus propias percepciones. Los experimentos de Solomon Asch sobre el conformismo inducido son muy reveladores. Sabemos que la presión de un grupo cuyo juicio es unánime puede doblegar no sólo el juicio sino también la percepción de un sujeto. Precisamos de los otros hasta para confirmar nuestra visión del mundo físico. Imaginemos ahora que tal hombre no es sino un pueblo entero cuyo gobierno miente, lo arruina, lo esquilma, arrambla con la moral y la cultura y que, ayudado por una legión de periódicos, tertulianos, medios de masa, organizaciones subvencionadas, fanáticos sin remisión y estómagos agradecidos, una y otra vez , como a coro, repitiesen a los testigos de tales desmanes la cantinela de » no es lo que parece». E incluso ,yendo más allá , a quiénes con todo siguieran confiando en su propio juicio los tachara de » radicales», » propagadores de bulos» o » negacionistas». No es la primera vez en que los expertos del envilecimiento sistemático han internado a testigos y disidentes en psiquiátricos ni considerado su oposición como una enfermedad mental . Ni es tampoco la primera vez en que se ha estigmatizado como enajenados a quiénes dicen la verdad. El código civil, penal y hasta el diagnóstico médico sumisos a los expertos en el envilecimiento pueden convertir a un hombre justo en un demente. En breve veremos reivindicar como nuevos derechos humanos el derecho al deshonor, a la indignidad y al envilecimiento. Entretanto a ese insidioso «cariño no es lo que parece», podremos siempre responder:» desde luego que no. Es mucho, muchísimo más».

Javier Estangüi Ortega

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