Perdón versus ensañamiento

El perdón es algo incomprensible como el don o como el regalo. Y precisamente ahí radica su valor, pues aquél se sustrae a cualquier tipo de reciprocidad, equivalencia , cálculo, o retribución de la culpa o el delito por la pena. De ahí también la generosidad, magnanimidad y grandeza del alma de quien perdona.

Cuando comprendemos las razones por las cuales alguien actúa de forma reprobable apenas precisamos perdonar. Es sobre todo cuando la ofensa, la traición y la vileza se tornan inexplicables cuando más necesario es el perdón. Si un hombre, en un régimen tiránico, es sometido a tortura y delata a otro para salvar su vida o la de sus hijos, su acción puede ser reprobable pero no vil. Mas si lo hace gratuitamente su acción es una mácula que tan solo puede » borrar» el perdón de su víctima.

Y dice mucho del valor del perdón el que este sea desconocido e imposible para toda suerte de comisarios políticos, hienas furibundas cuyas bocas espurrean los venenos del rencor y el ensañamiento. Con redoblado celo inquisitorial buscan víctimas por doquier , no porque les mueva la suerte ni el sufrimiento de éstas, sino porque así sube el precio de las acciones de los negociados del dolor ajeno que monopolizan, regentan y mercadean, aplicados inversores y comisionistas de » virtud y justicia social». Réprobos son para ellos-mediocres frustrados y resentidos-, quiénes perdonan y no se nutren del rencor ni del ensañamiento con los que azuzan y enviscan a las víctimas , reales o no; tanto da para su conciencia , pues los escrúpulos no son para ellos sino anacrónicos prejuicios.

Babean palabras como emancipación, emponderamiento, resiliencia, transgresión; mas en realidad son los grises herederos de esa chusma soliviantada, vengativa, resentida y sedienta de sangre que se regodeaba en las plazas cuando el verdugo decapitaba o abría la plataforma del cadalso.

Tres arribistas sin escrúpulos, disfrazadas de justicieras, Robespierrinas de la virtud , han salido a la palestra en un carnaval de escándalos impostados para protestar contra la salida de la carcel , tras año y medio de prisión, de un conocido futbolista. Ignoro si la sentencia absolutoria es justa o no. De lo que no tengo duda es de la sed de condena de tales campeonas de los derechos humanos. Reivindican a Sansón ( el verdugo), y dentro de poco incluso sostendrán que bajo el verdugo, se ocultaba una mujer empoderada.

Javier Estangüi Ortega

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