Dos falacias en una frase

Los manuales de lógica que exponen tanto las falacias cometidas en el denominado lenguaje natural como en el formal, mencionan, entre otras, dos falacias clásicas. Una de ellas es la llamada » pregunta compleja» o pregunta tramposa, cuya respuesta supondría haber dado una respuesta afirmativa a una pregunta no formulada previamente. Por ejemplo, si pregunto a alguien si ha dejado ya de hacer trampas en el juego ,quien conteste a tal pregunta tramposa , responda como responda, tácitamente habrá admitido que hacía trampas en el juego y, por tanto, responderá afirmativamente a la pregunta no formulada de :» ¿ Hace usted trampas en el juego?». La falacia de la » petición de principio» consiste en tomar como premisa de un razonamiento precisamente lo que había de demostrarse. Asi, tomando un ejemplo de manual, si arguyo que la Biblia es un libro sagrado porque ha sido revelado por Dios y los libros revelados por Dios son sagrados.

Pues bien , una ministra, y no sólo ella, manifestando su disconformidad con una sentencia judicial,refiriéndose a un caso en que el acusado ha sido absuelto , ha declarado tan ancha que » hay que creer a las víctimas». Tal declaración incurre en las dos falacias anteriormente mencionadas. Primero supone dirimir de antemano la respuesta a una pregunta no formulada previamente, a saber, «¿ Era realmente victima quien ha formulado o formula una acusación?. Y de serlo, «¿ Dicen las víctimas siempre la verdad?». Los estudios de Elizabeth Loftus sobre la distorsión de los recuerdos en situaciones traumáticas son muy instructivos al respecto. La segunda falacia es la petición de principio. » Las víctimas dicen siempre la verdad, tal persona debe ser creida porque es víctima y, por tanto , dice la verdad». Tal razonamiento circular haría avergonzarse a Perogrullo. Ya Unamuno se lamentaba de los perogrullos que en su tiempo gobernaban España. Hoy hasta nos parece que se quejaba de vicio pues los perogrullos actuales son más cínicos y están poseídos por una insaciable sed de ignorancia. Ah, y de contante y sonante.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *