Necrófilos

Los necrófilos, como las aves carroñeras, se alimentan de cadáveres. Les atrae el hedor de la putrefacción, especialmente si el cadáver gozó de fama o alcanzó el poder con el que el necrófilo sueña en secreto. El mandamás de los necrófilos, esbirro a su vez, incapaz de batirse contra la tiranía del dinero,la injusticia, la falsedad, el fatalismo tecnológico, hace como todos los cobardes: escupe sobre una tumba.

Se cree que el origen de la cultura fué el culto a los muertos. Por eso los profanadores de tumbas ,los celebrantes de la muerte, sea la de Hitler, Stalín, o cualquier otro, por dispares que los dictadores sean entre si, se disfracen como se disfracen, cuando dicen enarbolar la bandera de la libertad, son siempre sus sepultureros. Resucitan el espectro del tirano extinto para dispensarse del combate con el tirano vigente, condecorarse con una » buena conciencia» y, de paso, embaucar a los pueblos. El mandamás de los necrofilos , para legitimar el exorcismo de los inexistentes poseídos por el fantasma , alista , recompensa y compra a las señoritas de compañía del » intelligence service», académicos sin honor y sin escrúpulos, celestinas de una cultura de lecho donde, cual mamporreros de ideas imposibles, , tratan de desposar mando, propaganda y verdad, con la consiguiente violación de ésta.

Es propio de resentidos,mezquinos e impotentes celebrar la muerte de cualquier dictador al que no se ha sido capaz de derrocar. El único poder vigente y la única tiranía es la que existe en la actualidad. Precisamente la que nos invita a brindar sobre tumbas para seguir sojuzgándonos y que olvidemos donde habita hoy, como se disfraza, y de que carne y almas vivas de verdad,no podridas, se nutre la ignominia presente.

Javier Estangüi Ortega

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