Año nuevo

Nuestra civilización ( y no sólo la nuestra)- sobre este asunto Bergson ha escrito con hondura-, ha espacializado el tiempo. Ha convertido este en un movimiento uniforme de las manecillas del reloj. Mas el tiempo del impaciente no es el del estoico. Ni el del enamorado el del hastiado. Ni el de Marta el de María.

La visión del » eterno retorno», seguramente procedente de la contemplación de los ciclos naturales, consideraba que, en el caso de la historia de la humanidad, tan solo cambiaban decorados y escenarios mas la trama continuaba siendo la misma. Dicha concepción sumía a aquella en la necesidad de lo inexorable. Como también lo hace esa visión acumulativa de la historia que considera el decurso del tiempo como una flecha lineal, dirigida a no se sabe bien que, denominada » progreso».

Ambas concepciones- la del eterno retorno y la del progreso-, no son sino ilusiones que nos dispensan y arrebatan la carga y el tesoro de la libertad. Por eso,pese a su aceptación, ,no colman al hombre. Si bien fenómenos como la «renovación» pueden ser subsumidos en estas visiones,no sucede lo mismo con el » renacimiento» y la » conversión». Ni los ciclos estacionales ni las nociones de progreso o desarrollo dan cuenta de esa transformación del hombre donde todo se contempla bajo una nueva luz. Año nuevo, vita nuova, llamamos a la posibilidad de esa conversión. » Cada año una arruga mas en el cuerpo y otra menos en el alma», pedía un gran poeta griego. Que así sea.

Javier Estangüi Ortega

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *