Supersticiones contemporáneas
La superstición vincula dos acontecimientos que se suceden en el tiempo, o dos realidades próximas en el espacio ,estableciendo erróneamente una relación causal entre las mismas. La danza de la lluvia no trae la lluvia , ni la golondrina hace el verano. Como tampoco una carrera » popular» guarda relación alguna con la paz mundial, la disminución de los accidentes automovilísticos, ni la erradicación del machismo. Se objetará que estas últimas no son sino campañas ( término militar) de » concienciación» ( palabro de moda). Mas con eso incurrimos en otra superstición: creer que la conciencia puede ser despertada, y no cegada,por la propaganda. Superstición desmentida incesantemente por la realidad.
Establecer un vínculo de causalidad entre la llamada » soberanía popular» y los parlamentarios no es sino otra superstición; pues estos no dejan de ser mandatarios de los jefes de cada una de las oligarquías que se disputan mando y botín.
Mas la superstición esencial de nuestro tiempo es la de creer que la tecnoesfera, un artefacto, sea cual fuere, es capaz de engendrar una nueva cultura.Milagro superior a los de Lourdes.» Digifilosofía», rezaba un cartel en la ventana de uno de los bancos más importantes . Y con ese palabro adacadabrante se nos daba a entender no que la filosofía pudiera reflexionar sobre el » mundo digital», sino que este mundo suponía ,por arte de magia, la creación de una nueva filosofía. De esta forma la demolición y deconstrucción pueden interpretarse como creaciones revolucionarias, la exhortación a la » modernización» ocultar la adaptación servil a hechos consumados; es decir, impuestos. La hecholatría no repara en cómo muchos de los llamados » hechos» son, en realidad, el resultado de un proceso. Convierte a éstos en necesidad e ipso facto proclama la aquiescencia a la «fatalidad «creada como una virtud.
Mas, ¿ Por qué recaemos incesantemente en estas supersticiones?. A mi juicio la razón última estriba en que hemos confundido la libertad con la posibilidad de elegir entre distintos objetos de consumo y hemos llamado autonomía a lo que no son sino rupturas de los vínculos humanos. Y entre el trabajo cada vez más abrumador y esas enajenaciones denominadas diversiones, renovamos a diario,con mayor o menor conciencia, un voto de ceguera para no saber cuanto se oculta en nuestro interior y hay en el mundo y, sobre todo,para eludir cualquier tipo de responsabilidad hacia nosotros ,nuestros semejantes y el resto de los seres.
Javier Estangüi Ortega