la huelga de las enseñanzas medias

                La huelga de las Enseñanzas Medias

El conflicto en las Enseñanzas Medias, y digo “conflicto” sabiendo que se ponen en juego más elementos que un conflicto laboral, puede ser abordado desde dos perspectivas. La primera, más universal, desde la perspectiva de la mal llamada “globalización”, programa político y económico que impone la destrucción del Estado de Bienestar. La segunda, más nacional, desde la perspectiva de nuestra propia historia.

Recurramos  a nuestros clásicos. Don Francisco Giner de los Ríos hablaba del pueblo español como de un pueblo que gusta de estar dormido o, mejor, amodorrado, y que cuando se despierta para actuar políticamente lo hace moviéndose   en “convulsiones espasmódicas”. Don Miguel de Unamuno por su parte, gustaba contar la anécdota de ese mozo que quedó dormido presenciando una corrida de toros por los efectos del alcohol, y cuando su compañero de localidad quiso despertarle para que viera una buena faena se levantó raudo, tomó el garrote y gritó: “¿A quién hay que pegar?”. Los españoles hemos pecado en nuestra historia de dos grandes defectos que  se reducen a uno sólo. Primero no sabemos asociarnos, no sabemos organizarnos, segundo carecemos de sentido práctico en el terreno de la acción política.

Si nos preguntamos por qué la Comunidad de Madrid impone unas medidas tan apresurada   y  chapuceramente deberíamos contestarnos “porque puede”, y ¿por qué puede?, sencillamente, porque no tenemos fuerza y organización para oponernos. Y como no tenemos ni fuerza  ni organización para oponernos en este, como en otros conflictos recurrimos  a dos cosas, primero a lo folklórico (manifestarse, vestirse, encerrarse…), segundo a lo heroico (huelga indefinida, no firmar actas…). Resultado, Esperanza Aguirre en este caso sólo tiene que hacer una cosa nada difícil para imponerse: sentarse y esperar.  La obligación de los esforzados huelguistas de pagar alquileres, hipotecas y colegios hará el resto. Ni económica, ni organizativamente, ni en apoyo de la opinión pública estamos capacitados para afrontar el conflicto en su magnitud;  cuando además se llega siempre a la dualidad de representación, en este caso sindicatos múltiples y profesores representantes del movimiento asambleario, ni siquiera sabemos  quién está acreditado para tomar decisiones ni cómo deben tomarse.

¿Quién nos representa?, ¿quién debe tomar las decisiones?, ¿cuál es nuestro programa y objetivos?  En este, como en otros muchos casos, en este como en otros muchos conflictos, volvemos a tropezarnos una y mil veces en la misma piedra: las instituciones (en este caso los sindicatos) están huecas, son una ficción, no pueden cumplir la función para la que existen. De manera que afrontamos los retos teniendo presente no nuestro grado de organización y fuerza, sino el grado de nuestra indignación. ¿Resultado?  Pérdida del salario que la Comunidad no abonará por los días de huelga y a dormir durante veinte años, eso sí, después de habernos culpado los unos a los otros del fracaso. Como docentes, deberíamos aprender de la historia, deberíamos aprender de nuestros errores. Nos esperan tiempos muy difíciles, o estamos bien organizados o no les sobreviviremos.

Don Francisco Javier Martín Campillo

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