la calidad de la enseñanza 3
“Las crisis de la enseñanza no son más crisis de la enseñanza, son crisis de vida…Una sociedad que no enseña es una sociedad que no ama; que no valora; y tal es, precisamente, el caso de la sociedad moderna.”( Charles Péguy).
Uno de los puntos ciegos de la ciencia-tal y como ésta se impuso en el mundo moderno-,fue su desprecio por las tradiciones, por la historia y por las culturas vernáculas en donde el hombre aún se interpretaba mitológicamente vinculado a los procesos del Cosmos. Fue preciso desarraigar paulatinamente al ser humano,-al menos en su memoria- reinterpretar la historia desde la idea de revolución como posibilidad-si bien ficticia-de creación “ex nihilo” de un nuevo orden , e identificar a las culturas en que aún se conservaban las costumbres y los dioses del lugar como residuos arcaicos de supersticiones y prejuicios que el progreso se encargaría de eliminar. Así se allanó el camino a esa concepción de un hombre nuevo ,feliz, autónomo y emancipado que salvo los “conservadores” compartieron el liberalismo y el socialismo, aliados ambos con el mundo industrial. A ese proceso de empobrecimiento se le denominó “crítica” identificando ésta con el propio proceso de la razón. Una razón matemática sin origen, sin memoria, desvinculada por completo de la vida y elevada a diosa por la revolución francesa.
Los neoliberales de hoy , carentes de la cultura y la humanidad de sus predecesores, en nombre de un supremo realismo que aboca a la inautenticidad, en una visión del hombre empobrecida, caídas las demás utopías, proclaman la utopía del mercado que ,como un Dios postergado, esperaba su momento para salir de entre las ruinas. Y es a ese endriago, a ese Moloch abstracto al que los hombres deben servir no sólo con su trabajo y su esfuerzo sino con su alma. Y así –en el pecado llevan la penitencia-pueblos enteros arruinados “por un exceso de trabas al mercado”- para repetir con otra letra y la misma música la vieja letanía de los países socialistas-, siempre en crisis por los residuos capitalistas que impedían su auténtico desarrollo. Mas como invocar la fábula bíblica de la paja en el ojo ajeno y la viga en el propio a quiénes cuando alcanzan el poder no tienen empacho en atiborrarse a legislar e introducir una metafísica y una visión del mundo que hace de los pueblos poco más que pupilos que incumplen sus deberes para el susodicho Dios y que, defendiendo la separación Iglesia-Estado, no osan combatir la unión del Estado y la administración con esa Metafísica de contable que reduce el hombre a recurso. Recurso que ,como material de desecho, ha de reciclarse en el tiempo estipulado por quiénes nos dicen cómo va a ser el futuro que, por lo visto, se encargan ya de colonizar en el presente.
El mundo de hoy ha de entenderse-Ernst Jünger lo vio-como una movilización total del ser humano, una movilización que no le de respiro, ni silencio, ni le deje pensar, uncido al móvil o al ordenador o a la televisión, uncido a ese futuro prefabricado como un espacio cerrado a la transcendencia y a la creación en donde nada puede ya acontecer. Rodeado de medios que lo incomunican con los demás porque lo está con su interior, con la Naturaleza y con la Transcendencia.
El sueño de los tecnócratas de hoy es un mundo convertido en un gran mercado, un gran laboratorio, un parque temático y ,en sus sistemas de vigilancia y control, un campo de concentración.
La calidad está hoy en darse cuenta y evadirse de esas cárceles. El Arte, lo repito de nuevo, es un aliado. La Religión es otro, pues los dioses nos orientan al misterio de la existencia y nos libran de la idea del hombre esclarecido. Y los encuentros plenos con otros seres humanos, la creación de la comunidad, otro. Peter Handke lo expresa mejor: “En lugar de epifanía, di reunión”.
Javier Estangüi