vae debituribus

Vae debitoribus

 

La premisa que debe presidir cualquier análisis, cualquier debate sobre la postura a tomar respecto a la situación en España,  es la asunción de este hecho: “Nos encontramos en la más pura ruina”. Están en ruina el Estado, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos;  están en ruina las familias y las empresas, el sector público y el sector privado.

Y sólo hay una forma de asumir este hecho: desde la responsabilidad. Responsabilidad para exigir claro está, pero también responsabilidad para asumir,  comprendiendo  que no sirve de nada la una sin la otra.

Responsabilidad para los que nos han conducido a esta situación. Responsabilidad para evitar que sigan controlando las instituciones los culpables de su quiebra. Responsabilidad para introducir los cambios necesarios para que las instituciones que han demostrado su falta de operatividad sigan amparando el descontrol, la corrupción y el despilfarro. Responsabilidad para, sin demora, prescindir de lo superfluo y optimizar los recursos.

Pero responsabilidad también para asumir sacrificios, incluso por parte de los  que no han contribuido a la situación, porque todos somos culpables de haber dejado hacer. Responsabilidad para asumir un esfuerzo, un sacrificio generoso y necesario para salir de la situación, para no conformarse con dejar la ruina como única herencia a nuestros hijos. Responsabilidad para estar unidos, para entender que si cada cual busca su propia solución, pereceremos todos. Responsabilidad para recuperar nuestra soberanía, nuestro margen de maniobra. Responsabilidad, pues, para recuperar un futuro que, por ahora, no sólo es negro, es que ni siquiera nos pertenece. Responsabilidad para no dejarse seducir por los que ofrecen soluciones mágicas al margen del trabajo y del esfuerzo. Responsabilidad para no confundir la justicia con la venganza. Responsabilidad para exigir que paguen  sólo los que son culpables y no los que les creyeron y se dejaron seducir por ellos. Responsabilidad para no dejarse engañar ya más por unos ni por otros, y para merecernos unas instituciones que ahuyenten la corrupción y el despilfarro.

Francisco Javier Martín Campillo

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