Sobre la poesía. 1
la luna ayer fue diosa y hoy es claridad errante “(Octavio Paz). (Sobre la poesía 1).
De entre todas las concepciones de la poesía que conozco me han impresionado tres. Permítaseme que las cite. Una es de Miguel de Unamuno que, al referirse al arte dice que es “la recreación de la creación”. Otra es de Octavio Paz, quien considera la poesía como “la resurrección de las presencias”. Otra es de Hugo Mujica :”La escucha poética-escribe-no es una aprehensión, es una entrega. Es la renuncia al deseo de poder ínsito en el saber,…renuncia de borrar la alteridad”.
Comencemos por la primera . El “Logos” que ha creado el mundo es también “Logos spermatikos “ y ha sembrado en el hombre “spermata” ,razones seminales que hacen que éste pueda remedar el acto de la creación. La palabra que ha engendrado estaba provista de vida, es decir, de hálito. Así pues, si bien el hombre no puede crear los seres, más-como dice Unamuno-anhela recrear la creación, ha de emplear una palabra que sea a la vez aliento, es decir, una palabra del alma. La poesía es la respiración de la palabra, la palabra viva que aún no ha expirado, que conserva el calor de su nacimiento. De ahí el parentesco de la creación poética con la respiración y con la gestación. Todo poema logrado es, a la vez, un acto de respiración, una gestación y un alumbramiento. Por eso da alma, es decir, insufla aliento a los que alcanza. Más toda respiración sólo puede ser sentida en la máxima proximidad, como el aliento que comparten los amantes, de ahí la atmósfera de intimidad que rodea siempre a los poemas aun cuando sean recitados.
El que hoy apenas se emplee la palabra “alma” o, si se hace, se haga con rubor, es señal de cada día más hablamos desde el intelecto o desde, lo que los psicólogos actuales llaman “facultades”. Nuestras palabras, como nuestro saber, si bien iluminan, ya no calientan. La poesía sería así la reminiscencia de la palabra que es, a la vez, luz y calor. La palabra donde el que la pronuncia queda por completo implicada. Justo lo opuesto al discurso mecánico del frívolo, a la consigna, al eslogan, al titular. La hoguera encendida en torno a la cual nos congregamos. Los pintores y los fotógrafos saben muy bien que la “mejor” luz es la del alba y la del crepúsculo. En el poema se citan siempre el asombro y lo eternamente cantado y sabido, se unen el niño y el anciano, el nacimiento y la agonía. En él se desposan génesis y memoria. Por eso, al cabo, el poema da la impresión de derrotarse a sí mismo como todo cuanto está vivo. Parte de un origen, de un asombro, de una llama, habla de lo eternamente recurrente, parece consumirse y, a través del lector que, al vivificar el poema, atiza los rescoldos, alza de nuevo su llama en un tiempo cíclico que nada sabe de progreso.
“Recreación de la creación”. Así dijo el maestro quien quiso escribir para que el que lo leyera sintiera que le hablaban. Recreación no sólo como gozo, como regocijo, que lo es. Recreación como palabra viva. Palabra mágica que, al igual que la antigua imagen del cayado del profeta que tiene el poder de hacer brotar agua de la roca, toca el corazón y lo deshiela.
Javier Estangüi Ortega