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ADIÓS CON EL CORAZÓN, QUE CON EL ALMA NO PUEDO

 

                Aparte de despedirse uno del gobierno de turno, faltaría más, en este, que es un país diferente y siempre lo será, las nuevas elecciones despiertan siempre viejas preguntas. ¿De dónde vengo?. ¿A dónde voy?. Y sobre todo: ¿Cobraré una pensión?.

Como esa materia prima ha nacido para embaucar, antes de dar un fungible para cuatro años, analicemos a esos políticos que se arrastran como saurios en plena campaña electoral. No nos dejemos llevar por incertezas que, salvo para los novios de la muerte, quien evita elegir a ciegas evita el peligro. Así pues, sin echarnos al monte, escrutemos el mayor espectáculo del mundo. EL VOTO.

De carácter destemplado y naturaleza anoréxica, el voto puede ser lo peor de lo peor. Desde ponerse autocomplaciente y convertirse en un agujero negro que se traga todo lo que le echen, a salir de estampida en cuanto las cosas se ponen feas o, de espaldas a nuestra voz, transformarse en una sombra de lo que dijo ser. Pero antes de ir más allá, visitemos el más acá. Las promesas electorales.

Rajoy, con mucha moral cristiana y de las JONS, rogando a su santo favorito para que no haya testigos, asegura haber encontrado la purga de Benito. Dice que es capaz de encauzar hasta los vientos sin dirección. Desde luego no ha debutado ahora. Por eso gusta del trampantojo dibujando un maravilloso happy end si gana.  Menos es más. Menos impuestos, más inversión y, nada por aquí, nada por allá, sin recortes, menos paro. Allende los mares. “¡Ningún mercado está por encima de la gaviota!”, afirman en Génova. Así sea.

Rubalcaba, que para eso es de ciencias, incapaz de ocluirse ante el resultado anticipado por las encuestas, dice que no es que nos hayamos gastado el dinero en bagatelas, es que al entrar en contacto con Urdangarín se ha desintegrado. Es tan increíble que puede ser verdad. El mundo está lleno de humo.

Para aumentar el sistema de liquidez, Cayo Lara, hacedor de carracas donde los haya, repite sin cesar que el secreto está en mear. Sólo los simples son inmortales.

En sus sedes desprovistas de luces, los de ERC, empederniendo pasados y presentes, con su cultura estudiantina y cara de esfuerzo vernáculo anuncian un sudoku de plebiscitos.  

“No sentimos la presencia de España”. “Dadnos el aguinaldo”, declaman los archillorones de CIU. A estos, tiene huevos, hasta a ser independentistas hay que ayudarles.

El candidato de Bildu, como el sueño haría, duerme a los mortales. Que el sueño le perdone.

Nuestro PNV, descendiente del homo antecesor,  con un cadáver en la boca y su mitología de bulliciosos superlativos, sueña con raras fuerzas étnicas. Nubes vascas llenas de interminables prerrogativas y un estatuto que les conceda el RH negativo. “Autonomía divinizada,  espíritu jacobino del pueblo, Dios contemplado por Dios, dime si somos los mejores traedores de sombras en este provincialato; déjanos picar en la historia, espejo de Basajaún”, espetan al imaginario colectivo sin preocuparse de quien paga los vidrios rotos de este tornatrás. Otras veces, luego de abarcar la perfección, contemplarse y describirse en el triángulo facial de los cráneos vascos, cantan tan fervorosos como entusiastas su treno preferido: “El Gudari valiente caído en Eroski”. No dejan de hacer chistukis.

El estado de las Comunidades de confederados desocupados, con su hansa de diletantes, su hornada de pretores provinciales, de lugartenientes de capa y espada, de escarramanes del acostamiento, de vidas regaladas unidas por la misma jerigonza, acredita maneras en cada uno de los parques temáticos que configuran nuestra España. Villanos, villanías y villanadas con tendencia a lo más se dan cita en la larga y cálida legislatura. Y es que cuando el vendóme y el compróte se juntan, aflora el hombre de manos que llevamos dentro.

Para colmo de males, multitud de bancos que desde siempre han hecho de las suyas –toda la calle lo sabe-, andan a tatas o corcovados. Las Cajas, ¡cataplúm!, empeñadas en el Monte de Piedad están. El Santander, nuestro banco más jaque, bronceado y omnívoro, que presumía jugar con el globo terráqueo desde su consola, se dice pronto, hoy parece un don nadie carente de poder terrestre.

En el plano internacional, pura inestabilidad. Alemania dice que cada vez tenemos más culpas sin redimir. EE.UU se apunta a cualquier bombardero. Grecia eleva su plegaria: “perdona nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros acreedores”. Nosotros a lo nuestro. A efectuar valoraciones estelares de activos, realizar ajustes a la esperanza y trasladar llenos de entusiasmo: “tranquilos, que cuando fabriquemos otra búrbuja, os lo devolveremos con creces, vía Domund”. “De estos malversadores puedes fiarte” dicen los del BCE, que son los que se encargan de la reventa del dinero. Dejo de preocuparme.

Conclusión: Los partidarios de regular únicamente los fenómenos fisiológicos la han cagado; los paraísos fiscales, calvo de cultivo para intangibles, invisibles e inodoros, campan a sus anchas, y de seguir así, vamos a descubrir el eurodisney.

Pero antes de encontrar una conversación sin salida, volvamos a nuestro antes. “¿Quién eres?”, me dice el voto. “Soy el recuerdo”, contesto tras un intercambio de interjecciones. Y emborrachándome de optimismo salgo a ver si provoco el cambio.

 

 

Carlos Estangüi Ortega

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