la civilización de Eco y Narciso

La civilización de Eco y Narciso

 

En el relato de Ovidio en las “Metamorfosis” la ninfa Leiríope pregunta a Tiresias por el futuro del niño que va a nacer. ¿Gozará éste de una larga vejez?. A lo que Tiresias, refiriéndose a Narciso, responde: “Si se non noverit” ( si no se ve a si mismo).

Pasajes más adelante describe Ovidio como Narciso“había cumplido un año más de quince y podía pasar por niño o por joven; pero ningún joven, ninguna muchacha lo tocó”.

La narración cuenta como Eco se enamora de Narciso, mas como no tiene voz propia no hace más que repetir las voces que oye imposibilitada de expresarse y darse a conocer. Por su parte Narciso ve su reflejo en el agua y se consume de amor por el que ve. De repente se reconoce a sí mismo y la ilusión se desvanece. Narciso exclama: “Me consumo de amor por mi mismo, provoco el incendio y lo sufro”. Así se confirma la profecía de Tiresias, y este saber lo destruye. Cuando Narciso agoniza junto a una fuente lamentándose, aparece Eco repitiendo sus lamentos. Sus últimas palabras  expresan el dolor por el joven al que ha amado, él mismo. ”¡Ay, joven al que en vano he adorado”. Y cuando antes de morir dice “adiós”, Eco le devuelve la despedida. Entonces la muerte, narra Ovidio, le cerró los ojos.

En la concepción del amor de Carl Jung, profundamente vinculado a la noción del Eros en Platón, se sostiene lo siguiente: en realidad, cada hombre y cada mujer, llevan dentro de su psique un arquetipo de lo femenino y lo masculino, respectivamente. Llamó “Anima” al arquetipo de lo femenino encerrado en cada hombre y “Animus” al arquetipo de lo masculino encerrado en cada mujer. Según Jung, el amor se produce cuando la presencia de un ser enciende el arquetipo interior. Entonces el sujeto, de ahí la magia del amor, siente que conoce desde siempre a ese ser que, en realidad, acaba de aparecer en su vida. Y esto es así porque ya estaba en su interior. No encuentro diferencias esenciales entre esta visión y el discurso que Platón pone en boca de Aristófanes en el “Banquete”. Aquí también se busca lo afín, el alma gemela. Aquí también se enamora uno no tanto de un ser real como de lo que la presencia de ese ser despierta en las imágenes de nuestro interior. Y, aunque en el diálogo platónico nada se dice, aquí también se sospecha abocada a la tragedia dicha búsqueda cuando no culmina en la profunda desilusión. Pues, a la postre, uno acaba por darse cuenta de que el ser real no acaba por adecuarse al arquetipo. Y lo que aparecía iniciación y epifanía a un tiempo acaba por descubrirse como falsa ilusión que desemboca en el hastío.

Esta visión del amor  la encuentro hoy como uno de los más profundos errores de nuestra cultura. En el mito narrado por Ovidio, Eco no puede amar puesto que nunca puede ser ella misma, nunca puede expresar su propio ser, sino que esta condenada a ser una caja de resonancia de otras voces. La enajenación de lo que uno mismo es, impide el amor, lo esclaviza a no ser sino un seguimiento de otras voces y guiones. Por otra parte, Narciso que jamás ha sido tocado, y esto en nuestra lengua tiene un significado que va más allá del contacto; es decir, puesto que jamás ha sido conmovido y ,por tanto, nunca se ha transcendido, nunca ha salido de sí mismo, no puede amar mas que a su imagen, mas no lo sabe. Y sólo en esa ignorancia puede existir sin destruirse. Saber, y ese es su fatal destino, es darse cuenta de su mentira vital: la incapacidad de amar. Creemos amar y no hemos salido de nosotros mismos. Creemos vivir y no hemos hecho otra cosa sino conjurar la muerte.

No ser nunca uno mismo. Ser incapaz de salir de uno mismo. Ambas cosas nos destruyen. Eco Y Narciso. Eco y el espejo. Ambos mueren en el mito, no en nosotros ni en nuestra civilización.

Estoy firmemente convencido de que lo que llamamos globalización como expresión de nuestra civilización es una recreación de Eco Y Narciso. El deseo de Narciso, estéril para amar, de que todas las culturas sean Eco de su voz. Partícipes de su mentira. Para que no pueda nunca hallar un “alter ego” que lo toque .Empeño vano, no obstante, porque tarde o temprano verá su propio rostro reflejado, su propia mentira. Y morirá.

             

                                Javier Estangüi Ortega

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