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EL INICIO DEL INICIO

 

         Lo has dicho tú, pizpireta mía. A la vieja usanza. Con solemnidad de apotegma. Adornándote con ese aire de sabihondilla propio de la ignorancia. El lábil goce y disfrute de la entrega de poderes que hace una semana te parecía modélico, Soraya, ha devenido en algo muy, pero que muy chusco. Dos legislaturas huracanada y luego eres tan ingenua que pones la atención en trance y no te enteras  del plato que tenías en la mesa. Era el déficit, cariño. Estas cosas te pasan por confiar en tu ángel. Y por emperrarte en memorizarlo todo. Deberías saber que cuando los humanos no pudieron retener más datos en su cerebro, inventaron la escritura. Para eso está. Para tomar apuntes o para escribir bien, que no es tu caso. Pero vayamos al grano de los ajustes. Con la mano derecha les subimos el 1% a los pensionistas y con la izquierda se lo quitamos vía IRPF. Que simetría. La medida parece trazada con tiralíneas. Paralelepípeda. La repanocha que dirían en el vecindario. La congelación del salario mínimo no te la voy a reprochar porque incitar querencias ajenas es lo vuestro, y ya sabes como es este pueblo: hasta que se queja disfruta como un enano. No te dé lástima ni mansees, que los que os habéis educado en el entorno del dinero que no suda, propensos sois al nauseabundo apareamiento populista. Dos no copulan si uno no quiere. Así que al pueblo, carrete, ni en horas valle. La terapia debe ser de manual. Aunque dure treinta años. Desarrollará nuestra dureza de alma. Fortalecerá nuestro sigiloso devenir. Que en el país de Santiago ya se sabe. Todos los caminos conducen a la decadencia.

         “Lo que promete, él nunca lo haría”, dicen con aviesa intención las malas lenguas de la oposición. “Es tan ecologista que toda la mierda del partido la intenta reciclar”, afirman los que te rodean. A mí, no es que me hayas defraudado, Mariano. Pero sólo por vestir la mona, ya en la vacilación, ya en el malestar, que teatro tienes para representarlo todo, me hubiera gustado que nos hubieras anticipado el tratamiento. Es más, con una mueca de cine negro me habría conformado. Que en el mundo de la política hay que manejar a la afición como Florito en las Ventas a los cabestros. Sin que se te escapasen las congojas, aún con rodeos, hubiéramos deseado que las primeras puntadas al aire las dieras tú. Como corresponde a los mandamases. Pero no lo hiciste. Así que atiende, calzorras, que te juegas el futuro. Que no es extraño que un pueblo que te ha votado a ti sin pasar por la vicaria, pueda encandilarse con cualquiera. Con cinco millones de parados, sueldos de miseria y pensiones de hambre, la austeridad la tienes garantizada. Queda lo inmaterial y tranquilizar suficientemente a los mercados. Lo primero, es lo epicúreo. Para aumentar la demanda agregada has de conseguir que los que no tienen un chavo se comporten como voluptuosos consumidores.  Por más que los comportamientos extraordinarios siempre nos parezcan sospechosos, hay incitadores que con idiotas, imbéciles y militares han funcionado a la perfección. Pero que te voy a decir yo que no sepa el hombre de Goldman Sachs que tienes en tus filas. Ese prodigio que a los diez años era capaz de señalarse la nariz y moquear de un tirón.

Ya sólo falta, presta atención, ocuparse de los mercados. La crisis ha despertado su vocación docente. Así que cuidadín, cuidadín. Sobre todo en los mensajes. El ministro de Economía, el de Hacienda, y tú mismo debéis sintonizar como los tres tenores. Y ojo con las declaraciones de la ministra de Trabajo. Antes de que sea tarde dadla algo que la haga crecer y espabilar. O encerrarla a cal y canto. Los demás seremos aurigas tirando del carro.

Aquí, en Madrid, todo será más fácil. Nuestra carismática Ana, que ya se ha asomado por allí, capaz es de transformar el Ayuntamiento en basílica de la contratación con olor a peluquería. Eso sí, sin permitir que los partidarios del desmán embrollen las cuentas. Que en nuestro afán por la síntesis se han generado unos perniciosos hábitos contables. En nuestras diecisiete pequeñas Romas, por poner un ejemplo, un nomenclátor con dos únicas cuentas da cobertura a todos los asientos diarios: de “caja” a “barullo”, y de “barullo” a “caja”. Bisnes is bisnes  leo en unas letrinas. Que alivio. Brotan los primeros síntomas de los colegios bilingües.

La radio de la antediluviana Conferencia Episcopal, y otros viveros que acumulaban adjetivos no muy católicos, interrogaciones carpetovetónicas y pérdida de contención en sentido escatológico, ya no amanecen con la economía puesta. Antes, en Intereconomía, un buen conocedor del mundo de las tablas utilizaba la consabida estadística para que alcanzase la inflación gestual su cénit. Poco importaba que los datos fueran de calidad disímil. Lo importante era sacar de la faltriquera cuantos más mejor. Macrocosmos para confundir a los minijodidos de siempre y mantener, también como siempre, a los exentos de pechar. Siempre en busca de carroña fresca, VEO 7, lo mismo jura que perjura. Y es que la argamasa que cohesiona la carencia de escrúpulos de nuestros medios de comunicación, se puede resumir en una frase: “No dejes que la realidad te estropee un buen titular”.

De los recortes nos queda el final del final. Se nos anunciará después de las elecciones andaluzas. Cobardía política obliga.

 

Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España (Marqués de Bechamel).

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