componer, producir, crear 2
Componer, producir, crear (2)
Decía Raimon Panikkar, un sabio, que la vida no es una autopista. No se trata de coger el carril adecuado y ya no mirar más que hacia adelante, pues bien pudiera suceder entonces que lo decisivo para nuestra vida nos pasara desapercibido. Programaciones, objetivos, proyectos, memorias que no son recuerdos, sino balances. Ninguna actividad parece librarse hoy de esa planificación machacona cuyo cedazo filtra el mosquito y deja pasar al elefante; pues ¿de qué nos serviría tener un balance nítido de lo que carece de sentido o ni siquiera sabemos, ni indagamos en qué consiste éste? .¿De qué nos serviría una planificación exhaustiva de nuestra vida-en caso de que fuera posible-, si ignoramos el día en que vamos a morir? .
La obsesión por planificar, controlar, predecir, es necesaria y “posible” en algunas actividades del ser humano, tanto más simples cuanto más posible sea; mas eso, que constituye el quehacer de unas acciones reducidas, es tomado como modelo al que tiene que subsumirse la totalidad de la vida. Lewis Mumford señalaba que el uso del reloj, obra de los monjes, la regulación del ejército, que luego se extendió a la fábrica, y ésta misma, habían moldeado todas las actividades humanas. La raíz de esta compulsión por el control debe verse a mi juicio en un fenómeno: el miedo a la muerte que, en realidad, solapa el miedo a la vida. Y así el ser timorato y apocado en que nos hemos convertido sólo puede aspirar a la seguridad. Seguridad que se logra haciendo, o creyendo que se puede hacer el mundo predecible y controlable, y eso siempre a consta de simplificarlo. Nuestro temor nos hace eludir aspectos esenciales de la realidad hasta que, para mantener la ficción de nuestra seguridad, sólo percibimos aquéllos aspectos de la realidad que nos dan seguridad y, finalmente, identificamos éstos con la totalidad de lo real. Las ideologías cumplieron esta función simplificadora. En ausencia de dioses la historia, la idea de progreso y la técnica, se convirtieron en ídolos. Por cierto, quiero indicar de pasada que la pregunta de algunos teólogos por el “plan de la creación” es, en si misma, un oxímoron; pues el acto creativo no esta sujeto a plan alguno salvo el de su propio desenvolvimiento. Lo que no es lo mismo que decir que no haya un telos ni un sentido en los mismos seres vivos.
¿Cómo es posible que un ser pueda experimentar miedo a la vida?. Si logramos hacer que el ser humano se sienta cercado: por la amenaza de la penuria económica, por la enfermedad, por el miedo a la muerte y al dolor. Si logramos hacerle creer que los objetos que tiene poseen un valor inestimable y que está perdido si los pierde. Si logramos que reduzca sus sentimientos a sensaciones de modo que se acostumbre a que lo que pudiera conmoverle lo experimente sólo en su aspecto más amenazador, y no en el salvífico. Si le damos una dosis creciente de rutina y de comodidades diarias y compensamos su anhelo con sucedáneos como los programas de viajes exóticos o aventuras. Y, lo más importante, si logramos que pierda su dignidad y su soberanía, de tal forma que se vea a si mismo como una nulidad, como un ser a reciclar, o como una equivocación azarosa de la vida, entonces se lograra que tema la intemperie de lo grande. Que tema las estrellas y añore las cárceles con barrotes de oro.
Javier Estangüi Ortega