la partidocracia
LA PARTIDOCRACIA
La partidocracia es, o fue, un fenómeno tan italiano que en muchos diccionarios de ciencia política escritos en castellano aparece el vocablo “partitocracia” en lugar de “partidocracia”. En los largos, interminables años de dominio en Italia del pentapartito se sucedían las crisis, las elecciones y los gobiernos sin que hubiera verdadera alternancia, lo único que se decidía era el cuanto, el monto del poder que correspondería a cada uno de los cinco partidos. La elección era, pues, ficticia, no había verdadera alternancia, y no era sólo que los cinco partidos hubieran dejado de ser cauce de participación y expresión de la voluntad de la sociedad, sino que las cúpulas de los partidos impedían la democracia dentro de cada uno de ellos. Las oligarquías de los partidos confeccionaban las listas electorales y lo ciudadanos no votaban, refrendaban.
La partidocracia puede existir en la forma de un partido mayoritario, protagonista, al que se unen distintos partidos satélites, como era el caso de la democracia cristiana italiana; o bajo la forma de un bipartidismo más o menos perfecto, como es el caso de España. En cualquier caso, la dinámica del sistema es siempre la misma: un pacto oligárquico entre partidos que convierte la democracia en una farsa.
La estabilidad política que parece ofrecer la partidocracia, lleva consigo una contrapartida inevitable: la corrupción. Donde el poder tiene garantizada su permanencia por que se ha suprimido la posibilidad de alternancia, donde el poder tiene garantizada que la sociedad va a permanecer inmóvil, engañada por la apariencia de una falsa democracia donde sí se cumplen las formalidades de la democracia real (votaciones, etc.), donde el poder tiene garantizado el control y la complicidad de todos los instrumentos que deberían vigilar y sancionar (poder judicial sobre todo),y donde, los pactos de secreto y de impunidad entre los caciques de los partidos son la última garantía de que no va a pasar nada, tenemos garantizado el resultado final: la corrupción, el despilfarro y la ruina.
Francisco Javier Martín Campillo