el derecho de los poetas
El derecho de los poetas
“Es derecho de nosotros los poetas-escribe Hölderlin-, permanecer con la cabeza desnuda ante las tempestades divinas”.
Y Keats, al referirse a la suerte de los hombres, escribe:” son criados por la injusticia para la poesía; aprenden sufriendo lo que enseñarán cantando”.
Nietzsche al referirse a la cultura acomodaticia de su tiempo hablará del espíritu como “la carne que se saja a si misma en vivo” y del creador como el que es capaz de “sangrar alegremente”.
En un tiempo de molicie. En un tiempo en que se quiere llegar a la meta sin recorrer las vicisitudes del camino. En un tiempo en el que “hace” versos o escribe quiere verse coronado por todo menos por una sola espina, es preciso recordar a aquéllos grandes creadores que se desvivieron por buscar lo auténtico aunque tuvieran que pagar el precio de arrostrar un gran sufrimiento. A Víctor Hugo le gustaba comparar al escritor con el minero: ambos descienden a las profundidades y en ellas, ambos están expuestos a explosiones de grisú.
La vida como rito iniciático que propicia el vuelo del alma, el viaje del espíritu, no han acontecido sobre alfombras de terciopelo. Han sido las pérdidas, las heridas-tanto del éxito como del fracaso-, las ilusiones rotas, la falsa evidencia resquebrajada, el anhelo de verdad que llevó a alejarse incluso del fuego cercano que calienta, la prevalencia del cielo abierto del alma sobre la seguridad de la morada, las que han propiciado la obra de arte.
Hay un momento en que al creador le falta el aire al igual que al niño cuya madre se retrasa en dar a luz. Hay un momento en que el espacio que nos cobijaba se troca en muro que nos oprime. Por eso en toda obra del creador se experimenta ese regocijo del aire renovado, esa respiración que se dilata, ese aliento vital de nos libera de la angostura. Confinamiento, falta de aire, peligro de asfixia, alumbramiento, descubrimiento de otro espacio y respiración y celebración de la vida son secuencias que se repiten en cada nacimiento y en cada creación. Hay un momento de máximo peligro en el tránsito hasta la coronación: amenaza la asfixia y el aplastamiento. Se sabe que los niños que realizan ese viaje son más sanos que los que vienen a la luz a través de la cesárea que lo ahorra. Tal vez lo mismo le ocurra al creador. Tal vez él o el destino hayan elegido no ahorrarle ningún sufrimiento en el camino y, ese dolor, sobrepasado, afine la voz, la transforme en canto.
Javier Estangüi Ortega