historias que invitan a pensar 21
Historias que invitan a pensar (21)
En una carta relata Emily Dickinson lo siguiente: “Cuando de Niña pasaba mucho tiempo en los Bosques, me dijeron que la Serpiente me mordería, que podía coger una flor venenosa, o que los Duendes podían raptarme, pero seguí yendo y no me topé más que con Ángeles que estaban mucho más intimidados por mi que yo podía estarlo por ellos, de modo que no tengo confianza en el fraude que muchos practican”.
Nada tiene de extraño que honrara a la naturaleza con tantos poemas hermosos como escribió. Albert Camus creía que el asunto último al que remitían todas las filosofías era si merecía o no la pena vivir. El ya experimentaba la relación del hombre con el mundo como un gran sinsentido. Él ya había perdido la fe y había perdido la confianza en que el mundo fuera morada para el hombre. No la ocurrió así a Emily Dickinson. Era mujer, vivió siempre en la naturaleza, su tiempo fue menos cruel que el que le tocó vivir a Camus. Todo esto es cierto y, sin embargo, no logro desterrar de mi cabeza la idea de que la experiencia de la realidad desde la confianza o desde la angustia es previa a todas esas vivencias y hasta se resiste a cualquier aprendizaje.
Por mi parte recurro a una fantasía: creo que es el momento del nacimiento donde se decide si lo que va a predominar en nuestro ser va a ser la angustia o la confianza originaria. Y, como nada se de esta raíz, imagino si fuimos tocados o no por la “Gran Corriente”. Hay seres que junto a la lucidez conservan la alegría por la vida, nada en ellos es forzado. Parecen no estar escindidos porque en ellos la sabiduría no ha borrado la inocencia ni la confianza. Sus rostros albergan la realidad y no han perdido el esplendor. Pese a las vicisitudes de la vida, pese al dolor, el núcleo ha permanecido intacto e inatacable. Hijos e hijas de Dios y de la Naturaleza a la vez. ¿Quien sabe?. Lo cierto es que su sola presencia responde a la pregunta de Camus de forma más irrefutable que cualquier teoría. Reconocerlos es ya una respuesta.
Javier Estangüi Ortega