ideología de baratillo
IDEOLOGÍA DE BARATILLO
Con aires de marujona desmanganillada y desaforada energía, Esperanza Aguirre incita a correveidiles y trotaconventos para que en pleno campo de batalla fotografíen a los piquetes con el móvil. Así como suena. Y es que cuando ese culillo de mal asiento busca columnas en negrita siempre trata de hacerle la pirula a alguien. “No hay manera de embridarla”, me dice resignado un satélite de su confianza.
Yo, a decir verdad, a los integrantes de los piquetes los tengo considerados como una especie de gentlemen. Aunque tercien fusil y pongan cara de Pascuas, si están bien capitaneados, casi siempre se disculpan cuando hay contacto. Ya es bastante. Porque la reforma laboral no invita ni a un oxímoron animador. Mucho menos a refinamientos y exquisiteces. Y aquí ni se oyen blasfemias. Pero si uno se pone a tiro de piedra, el que más y el que menos, aunque no sea Gengis Khan, necesitado de entretenimiento si está. Mucho más los hombres del pueblo y de la calle. Sobre todo los más sanos.
El caso es que para hacer tiempo, como profeso adoración por la fotografía y nunca viene mal un book de presentación, cogí mis haluritos de plata y con pancromático color y la creatividad bien dispuesta, fui raudo y veloz a captar el subliminal momento que la victoria electoral iba a deparar al PP en Andalucía. Encuentro, por lo demás, al que aspira cualquier fotógrafo reputado. Para romper el hielo sin dramatismo, luego de disponer algunas reagrupaciones al tuntún, gasté varios carretes con ínclitos miembros del PP que posaban de tal jaez que parecían estar inflados con una bomba. El recuento final les puso en cuclillas. Y demostró que sólo estaban instalados en una nube. Así que las de la balconada fueron instantáneas repletas de escombros. “Con una chaqueta de Dior y unos pantalones vaqueros no te tose ni Dios”, le había dicho su asesor de imagen a Javier Arenas. Y él, vestido de esa guisa, esperando el mando en plaza, en vez de la victoria, moza de muchos amos, recibía minuendos. Antes de regresar sin felicidad a la meseta ya tenía la cuarta confirmación como outsider. Le habían enlodado el porvenir. Mas corrido que una mona, miraba tan desconcertado al horizonte que parecía un pelotari sin frontón. De hecho, su alusión fue tan corta que pareció una elusión. Junto a él, Montoro. Con el ombligo encogido y faz de fotomatón se mostraba tan compungido por la morisqueta que daban ganas de sacar una bandurria o traerle a unos mariachis para animarle. Con mejor criterio, y a fin de mantener a raya las emociones, alguien optó por alquilar unas lágrimas a María de la O. Únicamente la Ministra de Trabajo –que como todas las novicias nos ha salido fina- perdía la chaveta haciendo movimientos sin causa y llamando al chocolate profiteroles. “Anda descaminada. Eso es todo” la excusaban los allegados. Abajo en la plaza, las caderas sin filiación, metían jaleo. “¡Que apenquen con lo que venga!”, amenazaban encorajinados en maitines los de la calle Génova. “A mi plin” decían los sevillanos de salga el sol por Antequera y métase por donde quiera.
En las tertulias de Telemadrid e Intereconomía, por no hospedar la pasión, a denigrar el oficio de tertuliano. Algunos juntaletras tienen tan poca correa que cuando un recocido se les va y otro se les viene siempre tiran por la calle de enmedio. Y se retratan. Comienzan por apellidar, enseñan los disgustados colmillos y concluyen hablando de los andaluces con acento ponzoñoso. “Tienen más maldades que Sodoma y Gomorra juntas”, se lamentaban. “Su vida será corta y su descendencia no llegará a la cuarta generación”, pronunciaban con mucho arrimo, rememorando la Biblia. “Ojo que podemos regresar con maturrangas inéditas, damas y caballeros”, terciaba Rajoy. Con qué frivolidad manejan los reveses. Nuestro ínclito Hermann Tertsch, al que al parecer le sobró el último piropo, motivo por el que recibió cierta somanta que aprovechó (no hay mal que por bien no venga) para atribuirla a una razzia ideológica, opina que a los andaluces no les explicaron suficientemente las bondades de la reforma laboral. “Por no majarles a sermones, nos ha tocado la china”, se lamentaba. Sin embargo a los italianos y a los griegos se les debió explicar tan profusamente la norma que también terminaron haciendo una huelga general. Y desde la aplicación de tan bienhadadas reformas los griegos han perdido un 20% de su salario nominal, los irlandeses un 25%, y aquí, como decían los franquistas “ya vendra el tío Paco con las rebajas”. Además en España, culminando un proceso de décadas, las rentas de nuestra egoistona clase empresarial superan por primera vez a las del trabajo.
Agapito Maestre, con tal de sostener las columnas del templo del PP, aparentando ser ducho en la materia no tiene ningún empacho en afirmar que con el actual gobierno nuestra credibilidad frente a los mercados ha mejorado notablemente. Desconozco si este señor se refiere al mercado de San Miguel o mide la credibilidad en sofismas, pero lo cierto es que desde que tomó posesión Rajoy la prima de riesgo se ha incrementado en un 16% mientras en Italia bajaba el 28%. Y nuestro Rambo, el IBEX-35, está en mínimos anuales. Y es que el mercado es un poco cabroncete. LO QUIERE TODO.
Fdº.: Muereteriendo sin Blanca de las Escépticas Maneras del Famoso Sol de España